Integrantes del G-7 exhortaron a las tropas rusas a abandonar la planta de Zaporiyia ante el riesgo de una fuga nuclear, por los ataques en la central ucraniana, y horas después se detectó la filtración de amoniaco en Donetsk.
Las potencias se unieron, tras los llamados del gobierno de Volodimir Zelenski, para advertir a los soldados de Vladimir Putin de que los bombardeos en la zona estratégica no sólo afectarían al país invadido sino a territorios cercanos, incluyendo el suyo.
Sin embargo, no hubo respuesta de parte del Kremlin, pues sus fuerzas mantienen ataques en ciudades estratégicas como Donetsk y Dnipro. En el primer sitió se reportó que los invasores lanzaron una ofensiva contra una cervecería, provocando un incendio y la fuga de amoniaco, que sólo afectó un perímetro de dos kilómetros, pero el gobierno llamó a la ciudadanía a tomar precauciones y ventilar las viviendas ante el riesgo.
En tanto, en Dnipro la nueva embestida, con hasta 80 cohetes, cobró la vida de 13 personas, de acuerdo con autoridades regionales. El gobierno calificó estas acciones como un ataque deliberado en barrios residenciales, lo que refleja que extienden la zona de operaciones cerca de la planta nuclear, pues esta ciudad es una de las cercanas como Nikopol, que también fue asediada la semana pasada.
Dichas acciones fueron consideradas como una represalia por las explosiones en Crimea, pues aunque Rusia zanjó las sospechas diciendo que fue un incidente, ayer un funcionario advirtió que pudo tratarse de un ataque de ucranianos, aunque ese gobierno descartó la participación de su ejército en tales actos.
No obstante, indicó que fuentes confirmaron que en esa región, que les fue arrebatada hace una década, los del Kremlin perdieron entre nueve y 12 aeronaves.
Y ante el crecimiento de hostilidades, Kiev urgió más apoyo, pues no basta con reforzar la defensa. Por ello, reiteró el llamado a cerrar las fronteras a todos los rusos, al señalar que esta guerra amerita que se les impida vacacionar como si nada.

