Una especie de Donald Trump recargado, un Trump 2.0 por decirlo en términos de redes informáticas, será durante los próximos cuatro años el presidente de los Estados Unidos, lo que desde ya coloca a México frente a escenarios que van desde lo inquietante a lo alarmante.
Algunos nombramientos clave que Trump ha hecho esta semana desde que el martes antepasado ganó por paliza la primera magistratura del vecino del norte, confirman que los “halcones” están de regreso en la Casa Blanca.
¿Qué quiere decir?
Que, con Trump a la cabeza, mas radicalizado en comparación con lo que fue su amenazante primer gobierno, un grupo político ideológicamente situado en la derecha, ya muy cerca de la ultraderecha, está listo para dar carta abierta a su electoralmente redituable odio a México y a sus políticas xenófobas, anti migrantes, de abierto intervencionismo, incluso militar, y de proteccionismo comercial.
Al estratégico y poderoso cargo de secretario de Estado, llegará el senador por Florida, Marco Rubio. Este republicano dogmático es un estadounidense hijo deinmigrantes cubanos llegados a Miami antes del triunfo de la revolución castrista.
Rubio le disputó a Trump en 2023 la candidatura presidencial republicana en un contexto no ajeno a los ataques verbales. Trump llegó a llamarlo “little Marco” (algoasí como el Marquito blanquiazul que tenemos aquí). Pero por lo visto a ojos de Trump, el pequeño Marco ha crecido a tal grado, sin menoscabo de su larga experiencia en política exterior, sobre todo latinoamericana, que hoy está enfilado para encabezar el Departamento de Estado.
Marco Rubio, solo para refrescar la memoria, acusó a López Obrador de “entregar” partes del país a los cárteles de la droga y lo llamó “apologista de la tiranía” por su respaldo a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Un congresista, también de Florida como Rubio, fue nombrado por Trump consejero de Seguridad Nacional. Se trata de Mike Waltz quien a principios del año pasadopresentó junto con el congresista tejano Dan Crenshaw, exmilitar del grupo SEAL de operaciones especiales, una iniciativa para categorizar como grupos terroristas a los cárteles mexicanos de la droga.
¿Y qué el que los llamen así?
Pues que, con esa denominación, las fuerzas armadas estadounidenses no solo tienen el pretexto, sino que están obligadas por sus leyes a combatirlos incluso en territorio mexicano.
En esa línea agresiva con México, Trump sumó como secretario de la Defensa a Pete Hegseth, un presentador de televisión de la conservadora cadena Fox News y de trayectoria militarista al ser veterano de las invasiones estadounidenses a Irak y Afganistán; y a John Ratciliffe -quien fuera director de Inteligencia Nacional en su primer gobierno– como jefe de la CIA.
Trump designó como Zar de la Frontera a un personaje temible. Se trata de Tom Homan, un expolicía de Nueva York y exagente de la Migra, quien fue director interino del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, el llamado ICE, y que en algún momento de su carrera lideró la División de Deportaciones de esa dependencia.
La deportación masiva de ilegales y el cierre de la frontera serán sus tareas, de acuerdo con lo que ha declarado durante las últimas horas. Un estimado de un millón de deportaciones por año, según el también anti migrantes y racista vicepresidente de Trump, J.D. Vance.
Homan fue el artífice del programa “tolerancia cero” que planteaba separar a padres e hijos de migrantes y que promovió en el primer gobierno de Trump. “Tolerancia cero” fue respaldado por Stephen Miller, recién nombrado por Trump subdirector de Política de la Casa Blanca y a quien se le atribuye ser el ideólogo de los planes migratorios trumpianos.
Y para reforzar la mano dura en el tema migratorio, el presidente electo estadounidense nombró a la gobernadora de Dakota del Sur, Kristi Noem conocida como el azote de los indocumentados.
Por último, Robert Lighthizer, quien fuera el negociador estadounidense del T-MEC en 2018 y que regresa a la Representación Comercial de ese país con su inocultable perfil proteccionista, haciendo eco de la amenaza de los “aranceles”, palabra favorita de Trump, y dispuesto a condicionar los acuerdos comerciales a sus exigencias en materia migratoria y de narcotráfico.

