Ciudad de México, 26 de septiembre (SinEmbargo).- El caso Ayotzinapa es el símbolo más reciente de la lucha por justicia en México, llega a sus diez años siendo aún un reflejo de las fallas del Estado frente a las víctimas, pero también como testimonio del poder de la resistencia y dignidad de quienes buscan a sus desaparecidos. Es una década de dolor, de lucha por justicia, de caminar en búsqueda de respuestas y de enfrentar el ocultamiento por parte de las autoridades. Diez años de impotencia por no haber llegado a la verdad, pero también de resistencia.

Las madres y los padres de los 43 llegan a esta fecha con la certeza de lo que denunciaron desde el inicio: fue el Estado, pero sin obtener respuestas a su principal interrogante de ¿dónde están?, ni a sus demandas de verdad, justicia y castigo a los responsables.

La décima conmemoración del caso Ayotzinapa se da en un contexto histórico particular, pues ocurre a pocos días de que Claudia Sheinbaum Pardo, la primera mujer en ocupar la Presidencia de México, tome posesión y en medio de una confrontación de las madres y padres de los 43 con el Gobierno federal, a raíz de que no se ha cumplido con la entrega de toda la información militar que se relacione. 

“Cuando ocurrieron los hechos, nunca se imaginaron las familias que iban a estar una década después aún pidiendo justicia y verdad”, destacó en entrevista con SinEmbargo, Santiago Aguirre, director de la organización Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, que desde el inicio ha acompañado el caso.

A lo largo de esta década, la investigación ha pasado por diversas etapas: estancamientos, avances, retrocesos, acuerdos, diálogos, desencuentros y confrontaciones. El caso ha atravesado dos mandatos presidenciales: el de Enrique Peña Nieto, cuya administración perpetró el crimen de Estado y montó la mentira conocida como la “Verdad Histórica” para cerrar el caso y silenciar la presión; y el de Andrés Manuel López Obrador, quien inicialmente representó un faro de esperanza y confianza para los padres, logrando avances sustanciales en la investigación, hasta que estos se detuvieron al encontrar información que vinculaba al Ejército con los hechos.

“Estos 10 años para nosotros han sido de dolor y coraje por no saber sobre el paradero de los muchachos. Tenemos 10 años sin que los gobiernos nos hayan dado respuesta y solución. Nosotros tenemos coraje, no sé cómo describirlo porque realmente son seis de que el otro Presidente, Enrique Peña Nieto, nos estuvo engañando y, sin respuestas, hoy volvemos a caer en la misma circunstancia, entonces ahora con la Presidenta electa no sabemos cómo vaya a iniciar, porque si va a iniciar desde abajo como López Obrador”, dijo en entrevista con SinEmbargo, Bernabé Abraham Gaspar, padre de Adán Abraham de la Cruz, desaparecido junto con otros 42 normalistas.

Don Bernabé es uno de los padres de los 43 que, cuando les dieron la versión de la “Verdad Histórica”, visitó el basurero de Cocula y, dado su conocimiento como campesino, expresó su incredulidad ante la idea de que se pudiera haber reducido a cenizas a 43 personas sin dejar rastros evidentes, mostrando desde el inicio que no era creíble la versión que dio el Gobierno de Enrique Peña Nieto.

“Es difícil caminar en estos años de ausencia. Ha sido un caminar muy cruel y doloroso por tanta mentira que se nos ha dicho, pero tenemos que seguir porque no podemos retirarnos; no es un objeto que se nos haya arrebatado, es un hijo y nosotros tenemos que continuar este caminar difícil de tanta mentira”, señaló en entrevista Hilda Legideño, madre de Jorge Antonio Tizapa, otro de los jóvenes desaparecidos.

Francisco Lauro Villegas, padre de Magdaleno Rubén Lauro, coincidió en el largo camino para los padres, en el que muchos de ellos han enfermado, al menos cinco lamentablemente fallecieron sin saber de sus hijos, pero quienes quedan, a pesar de las adversidades de salud o económicas, no van a descansar en exigir saber dónde están los normalistas.