Duele y alarma lo que ocurre estos días en Sinaloa.

  México entero sabe que es de años, de muchos años, la presencia e influencia en ese estado de una de lasorganizaciones criminales más poderosos no solamente de nuestro país, sin del mundo.

  Hasta hace unos meses, el cártel de Sinaloa expandía sus ilícitos negocios sin meterse directamente en la calle con el ciudadano común y corriente.

  Mediante el pago de sobornos a las autoridades y el financiamiento a proyectos políticos y empresariales, el cártel de Sinaloa se concentraba en lo suyo y dejaba vivir eneso que algunos llaman la “paz narca.

  Pero en los días que corren esa “paz narca” está rota.

  Mercenarios de las dos facciones en guerra del cártel de Sinaloa se enfrentan y matan entre sí, se llevan entre las patas a civiles inocentes, reclutan sicarios empobrecidos, “ajustan cuentas” solo por su apariencia a quienes suponen que son de uno u otro bando, asaltan, secuestran y/o desaparecen a inocentes.

  Apenas el martes pasado, un operativo del Ejércitorealizado en el ejido El Doce, en la sindicatura de Sanalona en Culiacán, desato un enfrentamiento entre miliares y hombres armados que dejó un saldo de 19 civiles muertos.

  Escenarios como este se vislumbraban desde hace cinco años y días, para ser exactos el 17 de octubre de 2019. Para entonces habían pasado tres meses de que Joaquín “El Chapo” Guzmán fuera condenado en Estados Unidos a cadena perpetua por narcotráfico.

  A pesar de la caída del legendario capo cofundador del Cártel de Sinaloa, la “paz narca mantuvo su precarioequilibrio. Pero uno de sus hijos, Ovidio, fue capturado por el Ejército aquel octubre de hace cinco años, lo que movilizó todo el poderío armado del cártel de Sinaloa, con bloqueos de avenidas, quema de autobuses y tiroteos que dieron lugar al llamado “Culiacanazo y a la liberación del narco junior detenido para evitar –según dijo el entonces gobierno de AMLO– que el episodio provocara más violencia y muerte.

   Ovidio volvió a ser capturado en enero de 2023 y extraditado a Estados Unidos ocho meses después. La “paz narca” se mantuvo a pesar de todos estos acontecimientos.

 Pero lo que ya no resistió fue la captura del otro fundador del cártel, Ismael “El Mayo” Zambada, el pasado 25 de julio.

  Sigue sin haber claridad sobre el cómo de la captura.

 Hasta ahora la versión más consistente es que otro hijo de “El Chapo”, este de nombre Joaquín, traicionó a “El Mayo”. Lo citó a una reunión en una finca de Culiacán en la que mediarían en la pugna por el control de la Universidad de Sinaloa entre el gobernador morenista Rubén Rocha Moya y el exrector Héctor Melesio Cuén. Ahí Zambada habría sido secuestrado y subido al avión que lo llevó a Estados Unidos,donde fue aprehendido.

  Sin bien no hay evidencia de que su secuestro en México haya sido obra de agentes extranjeros, tampoco parece haber duda de que todo el operativo fue planeado por la DEA.

  El día del secuestro y captura de “El Mayo” también fue asesinado Héctor Melesio Cuén.

  Zambada -ya detenido- hizo saber en una carta que Cuén fue asesinado en el mismo lugar donde él fue secuestrado y en el que iban a reunirse con el gobernador Rocha Moya. Fue así como la fiscalía del estado salió con la versión, mostrada en video, de que el exrector fue ultimado en una gasolinería al resistirse a un asalto.

  La versión, confrontada con lo dicho por “El Mayo” generó mucha suspicacia y llevó a la renuncia de la fiscal que había hecho el presunto montaje, Sara Bruna Quiñonez

  El viernes pasado, luego de atraer la investigación, la fiscalía general de la República informó que había encontrado huelas de sangre de Cuén en el lugar del secuestro de Zambada y avaló su dicho en peritajes genéticos.

  Pero la fiscalía sinaloense salió al lunes siguiente con la versión de que tales pruebas de ADN no eran consistentes, por lo que no podría afirmarse que se tratara de huellas de sangre de Cuén.

  “Sí son”-, insistió la FGR y ofreció las periciales en su poder, mientras que tribunales de Sinaloa daban la razón a las inconsistencias señaladas por la fiscalía del estado, mientras que Ovidio y Joaquín Guzmán negociaban tratamiento de testigos protegidos en estados Unidos para suavizar sus posibles condenas.

  De manera que la pugna entre poderes que ha generado la reforma constitucional al judicial, se hizo extensiva a este escandaloso caso de Sinaloa, donde la gobernabilidad está en entredicho y sin otro camino más, por lo que empieza a vislumbrarse, que la renuncia del gobernador Rocha Moya.