El fallo informático masivo y global que ha sufrido hoy el mundo tiene detrás a un gigante de la ciberseguridad: CrowdStrike. Fundada en febrero de 2012, en poco más de una década su crecimiento ha sido meteórico: hasta el punto de autodenominarse hoy “líder mundial” en su segmento. “Las mayores organizaciones del mundo confían en nosotros para cerrar sus brechas [de seguridad]”, saca pecho en su página web corporativa. Lo avala con datos: casi 300 de las 500 empresas del índice Fortune trabajan con ellos. También ocho de las diez mayores firmas de servicios financieros del mundo. Y ocho de las diez mayores automovilísticas. Sin especificar nombres, por razones obvias.

La empresa que preside y dirige George Kurtz se precia de haber “redefinido la seguridad moderna” con una de las plataformas nativas en la nube “más avanzadas del mundo”: Falcon. Con una meta única: “Proteger aspectos fundamentales del riesgo empresarial”, nutriéndose de “inteligencia artificial, indicadores en tiempo real, inteligencia sobre amenazas, información de las herramientas evolutivas de los adversarios y telemetría enriquecida” para ofrecer un “despliegue rápido y escalable, una protección y un rendimiento superiores”.

Hoy, el día de las pantallas azules y después de que Microsoft —señalada en primera instancia— hiciese un descargo de responsabilidad en toda regla, quedan exactamente en el lugar opuesto: como epicentro de una crisis informática que ha tenido en vilo a sectores —y usuarios— en prácticamente todos los rincones del mundo. El fallo, como ha desgranado Kurtz, únicamente afecta a los ordenadores que operan con Windows como sistema informático, no con Mac o Linux.