No es la intención de este comentario restarle seriedad ni gravedad al atentado sufrido por Donald Trump el sábado pasado en un mitin de Butler, Pensilvania, Estados Unidos.

Son condenables todos los hechos de violencia, más los que tienen la intención y la cumplen, de cercenar una vida. Peor si son magnicidas, es decir, que asesinan a personajes que han tenido y quieren volver a tener tal poder que su muerte violenta a pedido, afecta para mal la estabilidad de pueblos enteros.

  Donald Trump la libró por unos centímetros. La bala que pretendía reventarle la cabeza solamente tocó e hirió su oreja izquierda. El tirador fue un joven de 20 años ensimismado y bruscamente intimidado por sus compinches, según versiones periodísticas, fue abatido por la policía.

  El famoso FBI investiga un intento de asesinato y ha adelantado la difícilmente creíble versión de que fue un tirador solitario (tan inverosímil como la del magnicidio de Colosio).

  Y, como siempre, las interpretaciones confrontadas sobrelos móviles: por un lado, los adoradores de Trump con elargumento de que la Casa Blanca (y por consecuencia el presidente Biden) quieren eliminarlo a toda costa y, por elotro lado los haters (que anglicismo más odioso), los odiadores de Trump, pues, que dicen que fue un autoatentado para potenciar su candidatura presidencial.

  Estados Unidos está sumergido en una grave polarizaciónpolítica, mucho más grave de la que alcanza a verse en nuestro país. La violencia política podría agravarse. Ya van dos llamadas: la de la insurrección en el Capitolio atizada por Trump alegando fraude electoral el 6 de enero de 2021 y el atentado contra su vida del sábado pasado ¿Qué sigue?

  Las posibilidades de reelección del presidente Biden van en picada después de los episodios de incapacidad mental y física que ha venido mostrando desde el debate presidencial del pasado 28 de junio.

  El atentado contra Trump lo victimiza, lo fortalece, lo hace un héroe, multiplica por mucho sus posibilidades de triunfo. La imagen de ese triunfo bien podrá ser la del propio Trump encapsulado por sus guardaespaldas, con el puño derecho desafiante y cubriendo con la otra mano la herida sangrante en su oreja izquierda.

  Es la oreja de Trump el sinónimo memorable de su cantada victoria, así como es la del genio holandés Vincent VanGogh, lo más recordado de su cotizadísima obra por por suautorretrato sin la oreja izquierda que él mismo se había mutilado tras una seria desavenencia con Paul Gauguin, otro artista plástico tan luminoso como él.

  Del eventual triunfo de Trump las consecuencias para México serán muy complicadas, por decir lo menos. Más muro, aranceles, deportaciones masivas de inmigrantes y el eventual uso de la fuerza militar para combatir a los cárteles del narcotráfico, según se lo recomienda el senador J.D. Vance, desde ayer compañero de fórmula de Trump para ocupar la vicepresidencia. (rrodriguezangular@hotmail.com, @RaulRodriguezC , raulrodriguezcortes.com.mx )