Aunque Trump afirma que el T‑MEC “no tiene ninguna ventaja real” para su país, la evidencia económica y la estructura de las cadenas de suministro norteamericanas muestran que Estados Unidos sería uno de los actores más afectados por una ruptura del tratado comercial.
Los siguientes serían los siete daños más relevantes:
Primer daño: la disrupción severa de las cadenas de suministro automotrices y manufactureras ya que el sector automotriz estadounidense depende profundamente de la integración con México y Canadá. México, por ejemplo, es el principal proveedor de autopartes para Estados Unidos y muchas plantas de ese país ensamblan vehículos con componentes mexicanos y canadienses.
De manera que sin el T‑MEC habría aranceles inmediatos bajo las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y aumentarían los costos de producción con la consecuente pérdida de competitividad estadounidense frente a Europa y Asia. Asimismo, habría retrasos logísticos y la urgente necesidad de reconfigurar cadenas completas.
Trump declaró: “no necesitamos autos hechos en México ni en Canadá”, aserto falso porque es sabido que la industria opera exactamente al revés porque la integración es estructural, no opcional.
Segundo daño: el incremento de precios para los consumidores estadounidenses ya que los aranceles afectarían: autos, electrodomésticos, electrónica, alimentos procesados y energía y combustibles, esto es una inflación importada en sectores muy sensibles para el votante estadounidense promedio.
Tercer daño: la pérdida de empleos en sectores dependientes de las exportaciones estadounidenses. Estados Unidos exporta a México y Canadá más que a cualquier otro país.
Los sectores afectados sin el T-MEC serían: la agroindustria con productos como el maíz, la soya, la carne y los lácteos); las manufacturas avanzadas, los servicios empresariales y la energía. Muchos estados clave como Michigan, Ohio, Texas y Pensilvania verían pérdidas de empleo en sentido contrario a la promesa de Trump de “traer empleos de vuelta”.
Cuarto daño: la caída de la inversión extranjera directa en Estado Unidos, ya que el T‑MEC da certidumbre jurídica a inversionistas que operan en toda la región. Si se cancela:
Empresas globales podrían mover operaciones hacia Europa o Asia y se debilitaría Norteamérica como bloque competitivo.
Quinto daño: la pérdida de liderazgo geoeconómico frente a China. El T‑MEC es el bloque comercial más grande del mundo por valor. Sin él, China gana espacio para negociar bilateralmente con México y Canadá; se debilita la estrategia estadounidense del nearshoring y se reduce la capacidad de Estados Unidos para fijar estándares laborales, ambientales y tecnológicos en la región.
Sexto daño: la afectación al comercio fronterizo y de la seguridad logística. La frontera México–Estados Unidos es la más transitada del mundo en comercio y sin el T‑MEC: aumentarían inspecciones, costos y tiempos, además de que se afectaría la seguridad energética.
Y séptimo daño: la multiplicación de disputas comerciales en la OMC lo que aumentaría la incertidumbre para las empresas estadounidenses.
En conclusión: aunque Trump afirme que el T‑MEC es “irrelevante” y que su país “no necesita productos de México ni de Canadá”, la realidad económica es que Estados Unidos depende profundamente del tratado para mantener su competitividad, su estabilidad de precios y su liderazgo geopolítico. La cancelación del tratado sería un golpe directo a la economía estadounidense, con efectos inmediatos en inflación, empleos, inversión y seguridad económica. (rrodriguezangulafr@hotmail.com , @RaulRodriguezC , raulrodriguezcortes.com.mx )

