En un partido que parecía perdido los Tigres de la UANL le dieron vuelta a un marcador y se coronaron campeones del futbol mexicano en la casa del Club Deportivo Guadalajara.
Con un par de goles, para muchos sorpresivos, de Roberto “Piojo” Alvarado y de Victor “Pocho” Guzmán en la primera media hora del partido de vuelta dejaron a un Akron entre sorprendido y escéptico. Enfrente tenían a una de las plantillas más caras de la Liga MX, pero la confianza estaba ahí.
Sin embargo, Chivas decidió renunciar al ataque y buscaron en todo momento apelar a ese sentimentalismo de estar en casa, con su gente. Con 40 millones apoyándolos. Supusieron que con un chispazo, quizá de Alexis Vega u otro zarpazo del “Pocho” conseguirían liquidar el partido. De medio campo para adelante el ataque del Rebaño no tenía mucha forma. Quizá, destellos de un tridente que bien guiado podría ser ese idilio que ocupa un equipo tan necesitado de gol: “Piojo”, “Pocho” y el “Nene” Beltrán.
Un penal polémico en los primeros 15 minutos del segundo tiempo, cometido por Antonio “Pollo” Briseño hizo que el francés Andrés Pierre Gignac marcara el inicio del camino para que Tigres bordara en su playera una octava estrella y dejara a Chivas sin la ansiada 13, una copa menos que su acérrimo rival: el Club América.
Al 77 el examericanista, Sebastián Córdova sentenció los tiempos extra.
El Guadalajara se quedó sin argumentos. El estadio se apagó y aunque quizo jugar “su juego”, sabían que frente tenían un equipo ordenado, con argumentos y que nunca se desesperó.
Ya en el ocaso del segundo tiempo extra Guido Pizarro, en un cabezazo con más fortuna que técnica puso el 2-3 para ahogar el grito de un campeonísimo que tendrá que rehacerse en la parte alta si busca seguir aspirando a jugar finales…y ganarlas.

