Hay despedidas que se anuncian y hay otras que, cuando llegan, parecen imposibles de creer. La de Lionel Messi con la Selección argentina tiene algo de las dos. Y aunque durante años ninguno de nostros quiso pensar en ese momento, finalmente llegó. Después de dos décadas, de noches inolvidables, de derrotas que dolieron más de la cuenta y de títulos que terminaron haciendo justicia, el crack rosarino decidió cerrar su historia con la camiseta albiceleste.
Cuesta imaginar a la Selección sin él. Cuesta pensar en un partido importante y no buscar al 10; en una pelota quieta y no esperar esa zurda mágica. En un momento complicado y no preguntarse qué puede inventar Messi para cambiarlo todo. Su historia tuvo, también, una buena dosis de canciones de despedida. Porque antes de convertirse en campeón del mundo, el 10 tuvo que aprender a convivir con el dolor. Perdió finales, recibió críticas, se alejó y volvió. Durante mucho tiempo pareció que aquella relación con la Selección estaba destinada a terminar mal. Pero no.
“Yo no me doy por vencido”, podría resumir una parte de ese recorrido. Messi siguió. Y cuando finalmente llegó la Copa América, y después Qatar, aquella historia que tantas veces pareció quebrarse encontró el final que merecía. Pero ahora es distinto. Es que ahora al capitán ya no le queda una deuda pendiente. Ya no tiene una copa que buscar. A messi ya no le queda nada que demostrar. Entonces, aunque cueste admitir, solo nos queda a nosotros el recuerdo de un futbolista que hizo de la camiseta argentina una extensión de su propia carrera y que consiguió algo todavía más difícil que ganar; y es cambiar para siempre la manera en que una generación entera entendió lo que es la Selección argentina.
Quizás por eso esta despedida tenga algo de “Nos veremos otra vez”, como cantó Serú Girán tiempo atrás. Porque Messi se va de las canchas, pero no de la memoria de nosotros. No hay dudas que Lionel va a seguir apareciendo en los recuerdos de quienes lo vieron hacer cosas que parecían imposibles, en los videos de los goles, en las camisetas guardadas y en esas discusiones interminables sobre cuál fue su mejor partido con Argentina

