• La pobreza laboral bajó a 31.9%, pero la informalidad subió a 55.1%; México, ¿cómo vamos?, BBVA y los banqueros coinciden en que productividad, inversión y formalización siguen siendo los grandes pendientes.
Ernesto Madrid
De cara al Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, el principal desafío económico no está sólo en presumir una reducción de la pobreza laboral, sino en explicar por qué México sigue sin encontrar una ruta sostenida de crecimiento, productividad y empleo formal.
Los datos del segundo trimestre de 2026 muestran esa contradicción. De acuerdo con México, ¿cómo vamos?, y con cifras del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) la pobreza laboral se ubicó en 31.9%, mientras la informalidad laboral aumentó a 55.1% de la población ocupada, lo que significa que más de la mitad de los trabajadores carece de acceso pleno a la seguridad social y laboral, en promedio, bajo condiciones de menor productividad e ingreso.
El diagnóstico de BBVA apunta en la misma dirección: la pobreza laboral repuntó 1.2 puntos porcentuales respecto al primer trimestre, cuando había alcanzado un mínimo histórico de 30.7%. Al mismo tiempo, la ocupación en el sector informal llegó a 30.2%, su nivel más alto en más de dos décadas. La brecha es todavía más evidente entre trabajadores: 18.8% de los informales se encuentra en pobreza laboral, frente a apenas 0.6% de los formales.
El problema, por tanto, no es únicamente distributivo. Es estructural. Una economía que genera una elevada proporción de empleos informales difícilmente puede elevar de manera sostenida los ingresos, la productividad y la recaudación. Ahí está una de las explicaciones de por qué México crece por debajo de su potencial.
El presidente de la Asociación de Bancos de México, Emilio Romano, puso el dedo en esa herida al señalar que la inversión pública debe mantenerse en niveles saludables y que la formalización es indispensable para elevar la productividad. Su diagnóstico es contundente: una empresa informal difícilmente puede escalar, generar más empleos y ofrecer mejores remuneraciones y prestaciones.
La lectura de las tres fuentes converge en un punto que debería ocupar un lugar central en el Segundo Informe: la prosperidad compartida no puede sostenerse únicamente mediante transferencias; necesita una economía capaz de producir más, invertir más y generar empleos formales mejor remunerados.
México enfrenta además una profunda desigualdad regional y de género. El ingreso laboral promedio mensual es de 8.7 mil pesos para los hombres y de 7 mil para las mujeres, mientras entidades como Chiapas, Oaxaca y Guerrero mantienen niveles de pobreza laboral superiores a 50%.
El reto para la administración de Sheinbaum es convertir la estabilidad macroeconómica y el gasto social en mayor productividad, inversión y formalidad. Porque reducir la pobreza sin transformar el mercado laboral puede aliviar la estadística, pero no necesariamente modifica la estructura que mantiene rezagada a la economía mexicana.
Ese es, quizá, uno de los pendientes más importantes que deberá responder el Segundo Informe: cómo pasar de una política de contención social a una economía capaz de crecer de manera sostenida y generar prosperidad compartida.
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