• Banamex advierte que la consolidación fiscal será más lenta de lo previsto por Hacienda: menores ingresos, gasto rígido, tasas de interés todavía elevadas y el riesgo de que la inversión pública vuelva a ser la variable de ajuste.
Ernesto Madrid
El Paquete Económico 2027 llegará al Congreso con una oportunidad que el sector financiero considera decisiva: demostrar que México puede avanzar hacia una consolidación fiscal creíble sin sacrificar la inversión pública ni depender de supuestos económicos demasiado optimistas.
El diagnóstico de Banamex Estudios Económicos, con información de Hacienda, es menos optimista que el de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Mientras el gobierno plantea reducir los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) a niveles cercanos a 3.5% del PIB en 2027, Banamex estima que el déficit amplio podría subir a 4.6% del PIB, desde 4.3% previsto para 2026.
La diferencia no es menor. Significa que la consolidación fiscal avanzaría más lentamente de lo que Hacienda proyecta.
El problema comienza por los ingresos. Hacienda estima que los ingresos públicos representarán 22.4% del PIB en 2027; Banamex calcula 22.1%. Un crecimiento económico menor al supuesto oficial reduciría la recaudación de ISR e IVA, mientras que un peso fuerte limitaría los ingresos vinculados con comercio exterior y petróleo.
Tampoco se espera una gran reforma fiscal. El escenario más probable es que el gobierno vuelva a apoyarse en mayor fiscalización, combate a la evasión y medidas administrativas, sin aumentos generalizados de impuestos. El factor electoral de 2027 reduce además los incentivos políticos para elevar de manera significativa la carga tributaria.
El gasto representa el segundo gran desafío.
Hacienda prevé reducirlo de 26.8% del PIB en 2026 a 25.2% en 2027. Banamex considera difícil alcanzar ese objetivo y estima un gasto de 26.1% del PIB, debido a la rigidez de pensiones, participaciones a estados, programas sociales y servicio de la deuda.
Y aquí aparece el principal riesgo: que la inversión pública vuelva a ser la variable de ajuste. Ya ocurrió durante la primera mitad de 2026, cuando la contención se concentró en Pemex, proyectos ferroviarios y otros programas de inversión, mientras el gasto en desarrollo social aumentó 9.7% real anual.
El problema de recortar inversión para cuadrar las cuentas es que puede resolver el déficit de corto plazo a costa del crecimiento futuro. Menos infraestructura significa menor capacidad productiva y, eventualmente, menor capacidad para generar ingresos fiscales.
Las tasas de interés podrían ayudar, pero menos de lo que espera Hacienda. Los Pre-Criterios contemplan una tasa objetivo de 5.5% para 2027. Banamex estima que podría mantenerse en 6.5%, lo que implicaría una reducción más lenta del costo financiero de la deuda.
El petróleo ofrecería cierto alivio: Banamex calcula un precio promedio de la mezcla mexicana de 64.3 dólares por barril, frente a los 54.7 dólares considerados por Hacienda. Pero el mayor precio no resolvería el problema estructural, debido a la menor producción y exportación de crudo y a un tipo de cambio más apreciado.
Por eso, el verdadero desafío del Paquete Económico no será presentar una cifra menor de déficit sobre el papel. Será demostrar que esa reducción es sostenible.
Las calificadoras ya han advertido el riesgo. S&P cambió la perspectiva de México de estable a negativa y Moody’s redujo la calificación soberana a Baa3, último escalón del grado de inversión en su escala. Ambas han señalado la consolidación fiscal lenta, el bajo crecimiento, las rigideces presupuestarias y el respaldo financiero a las empresas públicas como factores de presión.
En este contexto, el Paquete Económico 2027 representa una oportunidad para corregir la inercia de los últimos años: más fiscalización, menos margen presupuestario y una inversión pública que termina pagando buena parte de la factura.
El sector financiero no espera una reforma fiscal de gran calado. Lo que sí espera es algo quizá más importante: credibilidad. Porque si los ingresos crecen menos de lo previsto, el gasto no puede comprimirse como plantea Hacienda y las tasas permanecen altas, el déficit no desaparecerá por decreto.
Y entonces habrá que decidir qué se recorta. La pregunta que deberá responder Hacienda no es cuánto promete reducir el déficit, sino cómo piensa hacerlo sin volver a sacrificar la inversión que México necesita para crecer.
@JErnestoMadrid
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