• La presidenta acusa a Washington de usar a México en su campaña; Rubio responde que los cárteles siguen controlando territorios. Entre ambos discursos reaparecen Sinaloa, Zambada, Cuén, Rocha Moya, Mario Delgado y el dinero del huachicol.
Ernesto Madrid
Claudia Sheinbaum respondió a Marco Rubio con una frase que resume la tensión: “Que no usen a México en su campaña”.
La presidenta consideró que las declaraciones del secretario de Estado estadounidense forman parte de la campaña electoral de Estados Unidos y recordó que Washington también tiene problemas que resolver.
Rubio, sin embargo, fue mucho más lejos. Reconoció que México está haciendo más que nunca contra los cárteles, pero advirtió que “no es ni de lejos suficiente”. Dijo que existen extensos territorios que no están realmente controlados por el Estado mexicano, sino por organizaciones criminales. Y dejó una frase que funciona como advertencia y como definición de la estrategia estadounidense: “La cabeza de la serpiente son estos cárteles en México”.
El problema para Morena es que esa frase lleva directamente a Sinaloa. Porque mientras Washington habla de la cabeza de la serpiente, en México siguen abiertas las preguntas sobre lo ocurrido el 25 de julio de 2024, cuando Ismael “El Mayo” Zambada fue llevado a Estados Unidos y, el mismo día, fue asesinado Héctor Melesio Cuén.
La versión inicial del asesinato de Cuén —un supuesto asalto en una gasolinera— terminó cuestionada. La investigación federal mexicana ha señalado inconsistencias en aquella primera explicación y el caso volvió a cobrar fuerza con nuevas detenciones y líneas de investigación alrededor de lo ocurrido con Zambada y Cuén.
En ese expediente aparece inevitablemente Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa, acusado formalmente por el Departamento de Justicia de Estados Unidos de una presunta conspiración relacionada con narcotráfico, armas y protección política. Rocha lo niega.
Pero hay otro nombre que no puede desaparecer de esta historia: Mario Delgado. Delgado era presidente nacional de Morena cuando se construyó la candidatura de Rocha en 2021. Fue además el operador de la alianza electoral con el Partido Sinaloense de Cuén. Años después, ambos personajes quedaron atrapados en la misma tormenta: Cuén asesinado y Rocha bajo acusación de la justicia estadounidense.
Y ahí aparece Sergio Carmona, el llamado Rey del Huachicol, asesinado en 2021. Diversas investigaciones periodísticas lo han señalado como presunto financiador de campañas de Morena durante la dirigencia de Delgado. Delgado ha negado esos señalamientos. Pero el expediente político permanece abierto y vuelve a cobrar relevancia cuando Estados Unidos presiona para investigar posibles nexos entre dinero ilícito, campañas y crimen organizado.
Hasta aquí está una parte de la historia. La otra está en Palacio Nacional.
Porque alrededor de Omar García Harfuch se ha construido buena parte del nuevo centro de poder de seguridad de Sheinbaum. Su figura no sólo concentra la estrategia de seguridad del gobierno; también ha recibido reconocimiento público de funcionarios estadounidenses, algo que la propia presidenta ha interpretado como un posible intento de injerencia y de división dentro de su gabinete.
Harfuch representa, en ese sentido, algo más que una política de seguridad: es uno de los rostros más visibles del proyecto propio de Sheinbaum, distinto de la estructura política que acompañó a López Obrador durante años.
Y ahí entran las elecciones de 2027.
Morena tendrá que definir candidaturas para 17 gubernaturas, además de diputaciones y otros cargos. La dirigencia sostiene que serán las encuestas y los mecanismos internos los que determinen a los candidatos; Sheinbaum ha dicho públicamente que no intervendrá. Pero las disputas internas y los reportes sobre la influencia de Palacio muestran que la selección será uno de los grandes campos de batalla del movimiento.
Por eso 2027 puede ser mucho más que una elección intermedia. Puede convertirse en el primer gran examen de poder entre dos proyectos dentro del mismo movimiento: el de López Obrador y el de Sheinbaum. No necesariamente una ruptura. No todavía.
Pero sí una disputa por quién decide, quién coloca candidatos y quién controla la siguiente generación de Morena.
Mientras tanto, está Adán Augusto López, cuyo exsecretario de Seguridad en Tabasco, Hernán Bermúdez Requena, es señalado como presunto líder de La Barredora; está el huachicol fiscal y la investigación sobre los hermanos Farías Laguna, que volvió a tocar las estructuras de la Marina; y está Andy López Beltrán, cuya visa estadounidense fue revocada sin que Washington haya hecho pública la razón.
Ninguno de estos episodios permite, por sí solo, convertir una acusación, un testimonio o una relación política en una sentencia. Pero juntos construyen una presión que ya no puede despacharse simplemente como propaganda estadounidense. Porque aquí está la verdadera pinza.
Desde Washington, Rubio habla de la “cabeza de la serpiente”. Desde México, los expedientes empiezan a tocar a personajes que pertenecen al propio universo político de Morena. Y, al mismo tiempo, Sheinbaum intenta construir alrededor de Harfuch y de su propia estructura de seguridad un centro de poder distinto al que heredó.
La prueba llegará en 2027. Ahí se verá si Morena sigue siendo, fundamentalmente, el partido de López Obrador o si empieza a convertirse en el partido de Claudia Sheinbaum. Y entonces la pregunta deja de ser quién tiene razón, si Rubio o Sheinbaum.
La pregunta es otra: Si la cabeza de la serpiente está en los cárteles, ¿quién permitió que durante tantos años la serpiente pudiera crecer hasta llegar tan cerca del poder?
@JErnestoMadrid
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