• México necesita hasta 41 mil 500 millones de dólares para ampliar su infraestructura eléctrica y aprovechar el nearshoring. Pero la CFE llega a ese reto con una caída de 80.6% en sus utilidades acumuladas, una deuda de 501 mil millones de pesos y una red que necesita inversiones urgentes. La banca ofrece financiamiento, aunque todavía espera condiciones claras para comprometer recursos de largo plazo.
Ernesto Madrid
México quiere aprovechar el nearshoring, atraer fábricas y convertirse en una plataforma industrial más competitiva. Pero hay un problema que puede frenar esa apuesta: no basta con tener terrenos, trabajadores y tratados comerciales; también se necesita electricidad suficiente, confiable y disponible donde las empresas quieren instalarse.
Ahí aparece la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que llega a este desafío con sus finanzas bajo presión. De acuerdo con el análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), entre enero y septiembre de 2026 sus utilidades netas acumuladas cayeron 80.6%, al pasar de 125 mil 106 millones a 24 mil 313 millones de pesos.
Además, en el tercer trimestre registró una pérdida neta de 23 mil 310 millones. Sus ingresos disminuyeron 1%, hasta 518 mil 500 millones, mientras su deuda financiera aumentó 2.9%, para ubicarse en 501 mil 315 millones de pesos. Hay una precisión importante: parte del deterioro estuvo relacionada con efectos cambiarios contables, que no representan necesariamente una salida equivalente de efectivo.
El desafío, sin embargo, va mucho más allá de las cuentas de la empresa. El IMCO estima que México requiere alrededor de 40 mil 185 millones de dólares en infraestructura eléctrica contemplada en el Plan México. Y el problema no consiste solamente en generar más energía, sino en transmitirla y distribuirla. De poco sirve construir centrales si faltan líneas de alta tensión, subestaciones y capacidad para conectar nuevos parques industriales. A esto se suman la necesidad de almacenamiento, la dependencia del gas natural importado y los tiempos para obtener permisos. Para una empresa que evalúa instalar una fábrica, esperar por electricidad también significa perder dinero. El nearshoring necesita energía disponible, no solamente proyectos anunciados.
¿Y quién va a financiar esa infraestructura? La banca ya levantó la mano. Emilio Romano, presidente de la Asociación de Bancos de México, informó que existen proyectos eléctricos por aproximadamente 8 gigawatts, con un valor cercano a los 200 mil millones de pesos, que están asignados y en proceso de estructuración financiera. Pero hay que distinguir entre proyectos identificados y créditos efectivamente otorgados. Los banqueros no están cerrando la puerta; están siendo prudentes. Necesitan reglas claras, contratos viables, permisos, garantías y certidumbre sobre la rentabilidad de las inversiones. También esperan que se definan mejor las condiciones comerciales entre México y Estados Unidos, porque las empresas que todavía no saben cómo quedarán sus cadenas de suministro pueden posponer sus decisiones sobre todo porque Estados Unidos dejo en claro que “había que recomponer la relación global de comercio, de una globalización abierta a una globalización regionalizada”, no obstante, la banca está dispuesta a financiar, pero no a asumir riesgos sin condiciones suficientes para recuperar el capital.
El problema es que México tiene prisa. La oportunidad industrial no esperará indefinidamente a que se construyan líneas, subestaciones y centrales eléctricas. La CFE debe sostener la operación cotidiana y, al mismo tiempo, participar en una expansión que exige inversiones multimillonarias, mientras enfrenta mayores compromisos financieros. El gobierno puede complementar sus recursos con capital privado, pero necesita contratos claros y una distribución transparente de los riesgos.
La banca ofrece recursos, hay proyectos en estructuración y el gobierno tiene un plan. Lo que falta es convertir los anuncios en obras y los proyectos en electricidad disponible. Porque el nearshoring puede llegar con fábricas, tecnología y capital, pero si México no tiene energía para conectarlo, la oportunidad se queda esperando en la puerta.
@JErnestoMadrid
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