Si le quitan o no el liderazgo de Morena en el Senado dará prácticamente lo mismo: Adán Augusto López ya es un cadáver político cuya imagen, la del partido guinda y la del gobierno de la 4T manchó tras conocerse que Hernán Bermúdez Requena, su amigo de años, al que nombró secretario de Seguridad Pública cuando gobernó Tabasco, es un prófugo de la justicia acusado de liderar y proteger al violento y peligroso grupo delictivo “La Barredora”, vinculado al cártel del narcotráfico Jalisco Nueva Generación.
Al también exsecretario de Gobernación, paisano y “casi hermano” de López Obrador según palabras del propio expresidente, el proceso judicial contra Bermúdez Requena y su responsabilidad política por haberlo encargado de la seguridad en Tabasco y presuntamente encubierto su acelerado deterioro, lo impactó en su línea de flotación ese certero misil, en medio de la fratricida lucha de poder que se libra al interior de Morena y del que la confrontación en aquella entidad, con su gobernador Javier May del otro lado del ring, es tan solo una expresión.
Además, la grave acusación que deberá investigarse y juzgarse conforme a derecho -si es que a estas alturas eso todavía es posible- hay en el fondo de este escándalo una lucha de poder que es consecuencia, al paso del tiempo, del esquema diseñado por AMLO para conducir su sucesión.
Recuérdese que hubo aspirantes a la candidatura presidencial, más o menos “tapados”, que una batería de encuestas acabaría por destaparlos cual “corcholatas”. La destapada fue Claudia Sheinbaum, lo que no gustó nada a otras tres: Marcelo Ebrard (quien llegó a decir abiertamente que la encuesta fue “cuchareada”), Ricardo Monreal (quien puso en duda los resultados tal y como ya lo había hecho en 2018 cuando Claudia se quedó con la candidatura de Morena al gobierno de la Ciudad de México) y Adán Augusto López, quien sin reconocer el triunfo de la hoy presidenta, se fue varias semanas del país para sopesar lo que ofrecía el diseño cicatrizante de AMLO: la entrega al segundo, tercero y cuarto lugar el liderazgo en las cámaras legislativas (Noroña a la mesa directiva del Senado, Monreal al frente de la fracción de Morena en la cámara de Diputados, Adán Augusto a la de la cámara alta y Ebrard a una posición relevante el gabinete).
Era obvio que, tarde o temprano, esos personajes del mismo equipo de trabajo que heredaron un poder inmenso acabarían enfrentándose. La fórmula de AMLO evitó divisiones de cara a la elección presidencial, pero no así las surgidas una vez resueltos los comicios.
Es un hecho que Monreal y Adán Augusto le han jugado las contras a Sheinbaum, siendo además dos cercanos a AMLO que por sus trayectorias políticas no pueden ser considerados como políticos de la izquierda doctrinaria de Morena.
Por sus antecedentes, sobre todo los de Adán Augusto, forman parte de un grupo que, por sus excesos, sus apoyos a familiares, ahijados y ahijadas, y sus maniobras para entorpecer o vender caro su respaldo a las iniciativas presidenciales de reformas constitucionales y leyes generales, pareciera que actúa para resucitar al PRI desde adentro de Morena.
Ese es el verdadero peligro para el partido en el poder.
Así que resulta irrelevante que Adán Augusto haya sido relegado (como se le vio el domingo pasado en el Consejo Nacional de Morena) o que finalmente el oficialismo haya cerrado filas en torno a él y que él haya declarado que seguirá en el liderazgo morenista en el Senado hasta que concluya en 2020.
Ya es disfuncional para la 4T en esa función, es un cadáver político al que hay que darle cristiana sepultura.
Sheinbaum debería aprovechar esta coyuntura para expulsar a Adán del paraíso. Comió del fruto prohibido en todos los sentidos posibles(rrodriguezangular@hotmail.com, @RaulRodriguezC , raulrodriguezcort
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