CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El retiro anunciado por Carlos Aceves del Olmo, quien ya no buscará la reelección a la dirigencia nacional de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) tras 10 años en el poder, abrió la puerta a un relevo generacional que en estos días se confronta internamente por sucederlo.

Con una carta que anuncia su retiro para reelegirse como dirigente nacional de la CTM, Carlos Aceves del Olmo, abrió por primera vez la lucha por la dirigencia nacional.

A diferencia de sus antecesores desde Fidel Velázquez, no quiso permanecer en el cargo hasta su fallecimiento, expresó que por recomendación médica se retira y ha llamado a que los cetemistas se conduzcan conforme a los estatutos y la legalidad rumbo a las elecciones del 23 de febrero próximo.

El anuncio es un cambio en la historia cetemista, aunque nunca tan profundo como su salida del PRI, anunciada en 2024, tras el desacuerdo con la reforma estatutaria que permitió a Alejandro Moreno Cárdenas, “Alito”, perpetuarse en la dirigencia.

Bajo el liderazgo de Aceves del Olmo, se rompió con el añejo corporativismo que durante 89 años fue uno de los pilares del priismo; se enfrentó al examen de elecciones democráticas bajo vigilancia por el T-MEC; y se rompe también el proceso sucesorio del cetemismo desde 1950.

Las sucesiones cetemistas 

Desde su creación en 1936, la CTM estuvo permanentemente aliada al gobierno que por entonces encabezaba el general Lázaro Cárdenas del Río, quien en su orientación socialista alentó la creación de grandes corporativos y organizó al entonces Partido Nacional Revolucionario en sectores: obrero, campesino, militar y, posteriormente popular. El cambio estructural quedaría en 1938 marcado por el cambio de nombre a Partido de la Revolución Mexicana (PRM), que ocho años después resultaría en el hasta hoy subsistente PRI.

La creación de la CTM respondió también al desprestigio que el sindicalismo encumbrado desde la segunda década del Siglo XX y destacadamente con la llamada “Dinastía Sonorense” (iniciada con la presidencia de Álvaro Obregón en 1920 y concluida con el llamado “maximato” de Plutarco Elías Calles) se había convertido en un lastre político, la Confederación Revolucionaria de Obreros de México (CROM).

Para ello, Cárdenas impulsó al intelectual Vicente Lombardo Toledano, quien se encargó de organizar a los principales liderazgos disidentes de la CROM, conocido como “los cinco lobitos”, entre los cuales destacaban Fernando Amilpa y Fidel Velázquez.

La dirigencia de Lombardo duró apenas terminado el gobierno del general Cárdenas y, un joven Fidel Velázquez asumió la dirigencia en 1941 y dejó el cargo en 1947, en manos de Fernando Amilpa. Regresaría “don Fidel” en 1950 para no volver a dejar la dirigencia hasta su muerte en 1997.

Durante el largo período en que Fidel Velázquez fue dirigente de la CTM, la organización se convirtió en un trampolín importante para hacer carrera política. Sus cuadros dirigentes solían acceder a regidurías en la mayor parte de los municipios urbanos; diputaciones locales y federales, senadurías y hasta gubernaturas.