Entre quienes analizan mediáticamente la vida del país, parece mayoritaria la idea de que la presidenta es Claudia Sheinbaum, pero que el que realmente manda es el expresidente López Obrador, por lo que su gestión deberíadiferenciarse, “romper para estabilizar” como dijo en sus memorias el también exmandatario José López Portillo.
Él lo hizo con Luis Echeverría y Zedillo lo hizo con Salinas de Gortari y Felipe Calderón con Fox. Era una ley no escrita que prevaleció durante los gobiernos del PRI y del PANcomo una necesidad política: hacerse de la legitimidad no obtenida en las urnas.
Primero AMLO y después Sheinbaum llegaron a la presidencia con el incuestionable aval del voto ciudadano, con toda la legitimidad electoral. La actual presidenta, por lo tanto, no requiere de manotazos en la mesa o de actos mediáticamente espectaculares que la diferencien de su antecesor. Es sobre esa base que no le hacen mella los señalamientos de subordinación y, por el contrario, impulsan su defensa de la continuidad.
El proyecto es el mismo. El modo de continuarlo y alcanzar sus objetivos es y será distinto. Cada uno tiene su manera de matar pulgas.
El domingo pasado, al hacer un recuento –en mí opinión demasiado optimista de lo logrado en sus primeros cien días de gobierno–, la presidenta Sheinbaum lo dijo con todas sus letras: No se va a regresar al modelo neoliberal ni a lo que calificó como la decadencia donde se gobernaba para unos cuantos.
Y ayer, al anunciar el llamado “Plan México”, detalló lo que bien podría considerarse un gran proyecto de reorganización del modelo de desarrollo nacional. Lo hizo, por cierto, dejando ver lo que no vimos durante el gobierno de AMLO y que revela su diferente manera de matar pulgas: la planeación a corto, mediano y largo plazo.
El plan tiene su punto de partida en la aceptación de que la economía mundial ha cambiado y dejado atrás un período en el que, con la globalización, no importaba que las mercancías se produjeran en cualquier lugar del mundo mientras fueran más baratas para poder importarlas. Se ha pasado a una visión distinta en el mundo donde hablamos más de mercados regionales, de producciones nacionales, de cadenas de valor y también de planes.
“Que cada uno de los mexicanos sepa -dijo la mandataria- que hay plan, que hay desarrollo, que frente a cualquier incertidumbre que venga en el futuro próximo México tiene un plan y está unido hacia adelante”.
Entre las metas a 2030 de esa estrategia sí de crecimiento económico, pero también de prosperidad, con la participación de la iniciativa privada están: transitar del doceavo al décimo lugar entre las mayores economías mundiales, elevar la proporción de inversión respecto al PIB (se han contabilizado dos mil proyectos por 227 mil millones de dólares), concretar los planes de relocalización de empresas, crear millón y medio de empleos adicionales en manufacturas, cubrir 50% de la proveeduría y el consumo nacional privilegiando lo hecho en México y sustituyendo importaciones, formar 150 mil profesionales y técnicos cada año y ser uno de los cinco países más visitados del mundo,entre otras.
El plan es ambicioso. Ya veremos si se cumple en los próximos seis años.

