Por Jesús Franco
Domingo 31 de mayo. La maquinaría político clientelar y gubernamental de Morena se activó una vez más. El motivo: la celebración por dos años del triunfo electoral de Claudia Sheinbaum. El objetivo real: medir en distintos campos el impacto que han tenido distintos desaciertos que involucraron directamente a perfiles de alto calibre de Morena.
Morena, a pesar de llevar gobernando el país por ocho años, se sigue comportando como si fuera oposición y estuviera en campaña electoral permanente. Un día sí y otro también, al estilo lopezobradorista, Sheinbuam lanza diatribas contra todo aquel o aquello que critique a su régimen. Un día contra los medios de derecha, otro contra los empresarios y también contra los políticos que le cuestionan y en alguna cámara van en contra de sus instrucciones legislativas.
Lo vivido este domingo 31 de mayo fue un acto proselitista más. Morena sigue celebrando, cada que hay oportunidad, esa alternancia. Ese cambio. Esa muerte del periodo neoliberal. Quizá, ya como gobierno, deberían estar más ocupados en los temas realmente importantes: renegociación del T-MEC; atender a las madres buscadoras y proponer soluciones a corto plazo para la terrible crisis de desapariciones que vivimos en México; combatir de manera inteligente y estratégica al crimen organizado y, sobre todo, devolverle la paz y tranquilidad a millones de mexicanos, una promesa que ha quedado en una vitrina sellada con tres candados.
Convocar a una plaza pública y lanzar un ataque verbal contra Estados Unidos no abona en solucionar los vínculos del crimen organizado con los gobiernos locales, estatales y nacional. Sin importar los colores dejó de ser un secreto a voces que ese binomio ha funcionado desde hace décadas.
Pero cuando tocaron al de Sinaloa, entonces el aparato político y de comunicación de Morena alertó sobre una injerencia extranjera. Y justo ayer Sheibaum insistió en que el gobierno de Donald Trump podría tener un papel electoral clave en el 2027. ¿No sería más responsable hacer autocrítica y entender que sus perfiles (ex priisitas, panistas y perredistas) no son, precisamente, el ejemplo de honestidad valiente y empezar una profunda reconstrucción de un partido político que ya no es un movimiento social?
Ayer, la titular de la Secretaría de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, lanzó un mensaje que debería preocuparnos: “Es muy importante. Ya lo dijo ella todo: hay que analizarlo bien, escucharla y atender el llamado a las plazas públicas, además de dar la información correcta sobre lo que se ha venido manejando”. Entonces, ¿solo los mensajes que emanen de un régimen gubernamental serán válidos? Centralizar una narrativa no resuelve el fondo, pero sí maquilla la forma.
Luego, al unísono desde Morena se dijo que fue un mensaje de resultados y en defensa de la soberanía. Un no a la injerencia de Estados Unidos. Y al estilo combativo y de confrontación que ha impuesto desde hace algunos meses, la mandataria mexicana lanzó una alerta y aseguró, sin pruebas, que las derechas internacionales “buscan erosionar gobiernos o movimientos”. Sin mencionar nombres ni cargos, esas frases parecen sacadas de un manual de crisis de la izquierda. Algo que decir cuando parte del éxito del gobierno se basa en programas sociales y clientelares para mantener a la base votante cautiva y sin titubeos.
Lo que vimos ayer fue una muestra más de que en Morena importa más la narrativa que una respuesta genuina de exigir resultados. Hoy no se busca entregar el país a nadie. Hoy no se busca dejar entrar a otros países para que nos gobiernen. Hoy lo que se busca es una respuesta a esas demandas que hace ocho años llevaron a México a un cambio de timón.
Quien crea que la crítica, la confrontación, el debate y, sobre todo, la libertad de pensar diferente es “ser de derecha”, que vaya a una biblioteca a consultar un manual simple de cómo debe ser una democracia sana.
Nota mental:
¿Por qué acudieron el Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Hugo Aguilar, y la Ministra Lenia Batres al evento de Sheinbaum? ¿Ya mejor ni hablamos de la separación de poderes?

