Sorprendentes, en todo momento petulantes y no pocas veces alarmantes, fueron las declaraciones que el presidente de Estados Unidos hizo a la revista Time el pasado jueves primero de octubre.
Dos de los asertos francamente inquietantes hechos por Donald Trump al influyente semanario estadounidense ante lo que ya es, no para pocos, una crisis político-militar de su gobierno fueron:
1. Que no dudaría en declarar una emergencia nacional, invocar la Ley de Insurrección para desplegar fuerzas militares en territorio estadounidense en caso de violencia generalizada en las calles durante, antes o después de las elecciones de medio término que tendrán lugar dentro de treinta días.
Y 2. Que está dispuesto a “aniquilar” a Irán por no ser posible la paz con ese país.
La Ley de Insurrección de 1807 es una de las normas federales más antiguas y poderosas del sistema legal estadounidense y al pensar en invocarla, uno supone que Trump vislumbra los escenarios que justificarían recurrir a ella: insurrecciones o rebeliones contra la autoridad federal, violencia generalizada que los estados no puedan controlar, conspiraciones o asambleas ilegales y/o violaciones masivas de derechos constitucionales.
Un escenario muy cercano a los referidos fue el que el propio Trump propició el 6 de enero de 2021 al alentar a miles de sus simpatizantes a asaltar el edificio del Capitolio en Washington, D.C., con la intención de impedir la certificación formal de los resultados de la elección presidencial de 2020, en la que Joe Biden le había ganado.
Tensiones políticas como aquellas no parecen haber disminuido y Trump deja ver que lo sabe cuando en la larga entrevista de 75 minutos no descarta la posibilidad de que los demócratas le arrebaten las mayorías del Congreso y se lancen con todo en su contra, pero asegura que él responderá y actuará contra ellos.
De escalar esa polarización política y sin duda social, ¿Estados Unidos correría el riesgo de encaminarse hacia una guerra civil? Acaso esta pregunta esté dominada por la paranoia, pero no es casualidad -como ha ocurrido en otros momentos y circunstancias de la historia de ese país- que proliferen exitosas y masivamente vistas series de televisión que miden el ánimo social al recrear escenarios distópicos en los que el orden institucional colapsa por conflictos internos futuristas o alternativos, sean políticos o hasta religiosos (más o menos cercanos a los ideológicos) o en los que se divide al país como consecuencia del reparto geopolítico que habría resultado de una victoria de quienes fueron perdedores de la segunda guerra mundial.
No estaría de más que viera -si es que no lo ha hecho- la miniserie titulada “DMZ (Zona desmilitarizada)” que plantea el desarrollo de una futura guerra civil en Estados Unidos con múltiples reivindicaciones de las llamadas minorías, que colapsa al país entero, destruye Manhattan y lo deja completamente aislado del mundo.
Otro argumento distópico es el de la serie “El cuento de la criada” (“The Handmaid´s Tale”) donde Estados Unidos sufre un golpe de Estado perpetrado por fundamentalistas cristianos llamados “Hijos de Jacob”, quienes instauran la República de Gilead, un régimen militar-teocrático que reemplaza al orden constitucional estadounidense.
Un ejemplo más es el de la serie “El hombre en el castillo” (“The Man in the High Castle”), que no muestra una guerra civil contemporánea, pero sí a un Estados Unidos dividido y ocupado, donde el país está fracturado entre el Reich alemán y el Imperio japonés, por haber sido los triunfadores de la segunda guerra mundial. Aunque es una distopía de historia alternativa, su representación de un Estados Unidos fragmentado y con movimientos insurgentes, la vuelve relevante para escenarios de conflicto interno.
Y en todo esto embona bien el segundo y alarmante aserto que pinta a Trump de cuerpo entero cuando dice estar dispuesto a “aniquilar” a Irán. No duda en la aniquilación de millones de seres humanos y, peor aún, de hacerlo en nombre de la paz, pues dice que solo así se alcanzaría. Enarbola la bandera blanca para tratar de justificar un tremendo fracaso militar que justifica así: “pude haber detenido la guerra a las seis semanas de su inicio, pero opté por ir más lejos, aunque el conflicto ya casi terminó”. Lo cierto es que la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ya lleva siete meses.
La entrevista de Trump con Time, por lo demás, muestra su obsesión con la cobertura mediática de que es objeto (¿dónde he visto eso?), su afán de asumirse como dueño de la verdad absoluta y su desconexión entre la narrativa que él quiere proyectar y la crisis política‑militar que enfrenta su gobierno.
Instantáneas:
1. MORENOS VS MORENOS. Como si no fueran suficientes los desórdenes administrativos, políticos y de seguridad pública en Puebla, un grupo de morenistas del estado exige a su dirigente nacional Ariadna Montiel vetar a Olga Lucía Caballero Garci Crespo -presidente del comité estatal de ese partido- para que no pueda acceder a candidatura alguna. La acusan de abuso de poder -y aquí le conté la historia el pasado 31 de julio (https://me-l.co/7z4fa2gy)- al encarcelar a una anciana de casi 100 años, la empresaria Estela Romero Bringas, quien murió poco después (26 de septiembre pasado) y cuya herencia por la empresa Avícola Tehuacán (SRS), la principal proveedora de huevo y pollo en el centro y sur del país es disputada por la lideresa poblana. Se sustenta como sobrina y busca una fortuna de 600 millones de dólares.
2. INCONFORMIDADES. Las inconformidades por las encuestas de Morena continúan. Y quien ahora alzó la voz fue Félix Salgado Macedonio al pedir a la dirigencia nacional de Morena que lo encueste con Beatriz Mojica, quien fue designada como la coordinadora de los comités de defensa de la transformación en Guerrero. Salgado Macedonio acordó con Ariadna Montiel levantar una encuesta espejo entre él y quien resultara ganadora o ganador de la encuesta por la candidatura que en este caso fue Mojica Morga. No es su intención disputar la candidatura sino hacer saber a la gente cómo está posicionado. Ahora la dirigente de Morena deberá cumplir su compromiso de levantar la encuesta que todo indica ganará Salgado Macedonio porque en cada evento que realiza muestra convocatoria y liderazgo.
3. ALIANZA TOTAL POR “FITO”. El delegado del PRI en Zacatecas, José Olvera Acevedo, ya le puso nombre y apellido a la ruta tricolor del 2027: alianza ciudadana alrededor de Adolfo “Fito” Bonilla. No pareció un respaldo de trámite, pues Olvera llamó abiertamente a los zacatecanos a sumarse a un bloque con “Fito” al frente como “coordinador de defensores” para recuperar -según dijo- la paz y el desarrollo. Y lo promovió como el perfil que Zacatecas necesita: empresario, con experiencia pública y privada y con territorio caminado en los 58 municipios del estado. La instrucción es blindarlo, que nadie “amarre navajas” adentro y que el proyecto sea de planeación, no de dádivas.
4. FUGA. El pasado viernes 2 de octubre se dio a la fuga el empresario Samuel Baldomero Martínez Carpio, quien enfrenta proceso acusado de extorsionar al exsecretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida. La fuga ocurrió después de la audiencia celebrada en los juzgados de Barrientos, en Tlalnepantla, Estado de México. Agentes de la policía procesal del Juzgado de Control del Distrito Judicial de Tlalnepantla únicamente acompañaron a Martínez Carpio a la puerta del Tribunal, una vez que la jueza de control, Diana Daydadubeth Albarrán Calixto, impusieron la medida cautelar de prisión preventiva justificada. Sin embargo, a la vista de la policía y los presentes, el imputado escapó con apoyo de sus defensores en un carro de marca Mercedes Benz, del patio principal de los juzgados locales penales en Barrientos. ¿Qué explicación dará sobre este caso el poder judicial del Estado de México o se quedará viendo cómo un imputado se fuga ante la mirada complaciente de las autoridades en las puertas del penal de Barrientos?
5. CAMBIOS EN CFE. Polémica sobre los recientes cambios anunciados durante los últimos días de septiembre en la Comisión Federal Electricidad (CFE) donde una reestructura orgánica creó la dirección de Generación y Productores Externos, a cargo de Francisco Javier Maldonado Ramos, y la dirección de Redes Eléctricas, a donde vuelve Guillermo Nevárez Elizondo, pieza clave en la pasada administración de Manuel Bartlett Díaz. Fuentes de la CFE confirman que la decisión fue tomada directamente por la directora general Emilia Esther Calleja.
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