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Facebook: Raúl Alejandro Rodríguez Martínez

Las tensiones geopolíticas que enfrenta el mundo han generado una creciente polarización respecto a la evolución de la configuración de bloques económicos, políticos y comerciales. En general, ha venido ganando terreno la narrativa de que los Estados Unidos de América es “la potencia hegemónica en decadencia” y que busca desesperadamente mantener el status quo actual, al tiempo que otras potencias económicas y militares como China y Rusia buscan conducir al sistema hacia un mundo multipolar. Dicha narrativa también argumenta que los conflictos bélicos de Rusia y Ucrania, así como el de Israel con la organización política y paramilitar de Hamás en Medio Oriente, son consecuencia de una lucha de poder entre dichas potencias. Y dicha narrativa culmina estableciendo que es el dólar y el sistema económico-financiero internacional la principal arma con la que Estados Unidos puede aún mantener su condición de hegemón.

En ese sentido, Estados Unidos ha recurrido a la imposición de sanciones económicas y financieras a países que quebrantan el orden mundial. Y lo que señalan los que coinciden con la premisa de que Estados Unidos está en decadencia es que, lejos de que este tipo de sanciones contribuyan a desincentivar a países rivales, han propiciado que sus respectivos bancos centrales abandonen el dólar como la principal moneda de reserva y comiencen a diversificarla con otras monedas. Bajo ese contexto, destacan que la economía estadounidense también está en decadencia, ya que la economía mundial se está “des-dolarizando”, es decir, cada vez depende menos de la moneda estadounidense, al tiempo que la economía China continúa ganando terreno dentro de la actividad productiva global, de manera que eventualmente habría de rebasar a la de Estados Unidos y situarse como la economía más grande del planeta.

En contraposición, hemos observado en el mundo post-pandémico la economía estadounidense no ha caído en una recesión que lleva siendo pronosticada desde la menos hace más de dos años y ha sorprendido a los mercados y a los analistas con su resiliencia. Al mismo tiempo, el dólar se ha apreciado contra las principales monedas del planeta y ha demostrado alrededor del mundo que continúa siendo la moneda hegemónica cuando los inversionistas toman sus decisiones de portafolios. En este sentido, ¿qué tan cierta es la narrativa de la decadencia económica y política estadounidense? ¿En verdad se está des-dolarizando la economía mundial? ¿Se acabó la condición hegemónica de nuestro vecino del norte?

Recientemente, el Fondo Monetario Internacional (FMI, por sus siglas en inglés) actualizó su análisis de reservas internacionales. En efecto, si existen datos que respaldan un proceso de “des-dolarización” de la economía mundial pero este va a un ritmo bastante gradual y está ocurriendo dentro de las reservas internacionales de los bancos centrales, no en el resto del sistema financiero internacional. Mientras que el dólar se ha apreciado cerca del 20% en casi dos décadas, ha perdido terreno como la principal moneda de reserva en el mundo, pasando de representar, en promedio, 72% del total de las reservas internacionales del mundo, a 55% en 2023. Es decir, el dólar como moneda de reserva ha perdido 17 puntos porcentuales en los últimos 18 años.

Lo interesante está en que esos 17 puntos que cedió el dólar no necesariamente lo ganaron las otras 3 monedas más relevantes del mundo: euro, yen japonés y la libra esterlina. Mientras que el dólar perdió terreno y ahora representa 55% del total de las reservas, el euro representa un 20%, y el yen y la libra están cercanas al 5% del total. Aquí es donde encontramos evidencia de que el proceso de des-dolarización es muy gradual: existen 35 puntos porcentuales de diferencia entre el dólar y la segunda moneda del mundo más relevante.

¿Entonces quién se está llevando la mayoría del terreno que ha cedido el dólar? El FMI las denomina “monedas no tradicionales”: dólar australiano, dólar canadiense y, por supuesto, no podía faltar el yuan chino. En su conjunto, éstas tres monedas representan cerca del 10% del total de las reservas internacionales (superando de manera conjunta al yen japonés y a la libra esterlina).

Finalmente, el hecho de que en ese mismo periodo el dólar se ha apreciado consistentemente, se puede subrayar que el fenómeno de la “des-dolarización” está por ahora encapsulado en las reservas internacionales de los bancos centrales, mientras que el dólar reafirma su poderío hegemónico en las arenas comerciales, productivas, transaccionales y financieras en el mundo.

Por lo tanto, se podría concluir que la narrativa de “des-dolarización” y de la decadencia de Estados Unidos como potencia hegemónica tiene más tintes propagandísticos bajo el contexto actual, bastante complejo, de tensiones geopolíticas a nivel mundial. No obstante, habrá que estar atentos a los crecientes esfuerzos del bloque económico de los BRICs por impulsar a sus propias monedas para restar cada vez más su dependencia del dólar y observar los efectos en un mediano y largo plazo.