• Mientras la presidenta insiste en que “México va bien y estará mejor”, los datos duelen: la inversión acumula 11 meses consecutivos de caídas, el consumo se debilita y la confianza del consumidor se desinfla. La economía sonríe en el discurso, pero titubea en las cifras

Ernesto Madrid

La presidenta Claudia Sheinbaum asegura que el país “va bien y estará mejor”, pero los números insisten en contar otra historia. La inversión fija bruta —el verdadero termómetro del crecimiento— cayó 7.2% anual en julio, hilando once meses consecutivos de contracción de acuerdo con el Inegi. En otras palabras: mientras el discurso oficial presume estabilidad, la economía lleva casi un año bajando escaleras con los ojos cerrados.

En el desglose, la maquinaria y el equipo mostraron un respiro de 4.9% mensual —su mejor desempeño desde 2022—, pero la construcción se hundió 1.3%. La inversión pública, que debería ser el motor del “Plan México”, se desplomó 22.7% y acumula quince meses de caídas. La privada, que representa nueve de cada diez pesos invertidos, también retrocedió 4.6%.

De enero a julio, la inversión se redujo 6.8%, y los analistas de Banamex prevén un cierre aún más sombrío: una contracción cercana al 6% para 2025. Con un crecimiento económico proyectado de apenas 0.6% por Banxico y 1.0% por el FMI, México se encamina a su año más débil desde la pandemia.

Y mientras la inversión tropieza, el consumo también flaquea. En julio, el consumo privado cayó 0.3% mensual; los hogares compran menos bienes y servicios nacionales, aunque los productos importados siguen ganando terreno. No es casualidad: los ingresos reales de las familias se estancan, el empleo formal crece al ritmo más lento desde 2003 (sin contar las crisis) y las remesas, que habían sido el salvavidas, también pierden fuerza.

A esto se suma un retroceso en la confianza del consumidor: en septiembre bajó 0.2 puntos y acumula una tendencia descendente desde su pico de 2024. Los mexicanos perciben su economía familiar un poco mejor, pero el país… no tanto. Apenas 41.3 puntos de optimismo frente al futuro nacional, y un desplome en las expectativas de compra de bienes duraderos.

Paradójicamente, en el discurso presidencial se celebra un “nuevo ciclo de prosperidad” impulsado por