• Las exportaciones y el repunte manufacturero impulsan la actividad, mientras el consumo pierde fuerza y la inversión privada aún no se consolida. Banamex eleva a 2% su previsión del PIB para 2026, aunque la recuperación sigue siendo desigual.
Ernesto Madrid
La economía mexicana está creciendo más de lo previsto, pero no de manera uniforme. El motor está en las exportaciones, la manufactura vinculada con Estados Unidos y la recuperación de la inversión pública; el freno, en el consumo y los sectores que todavía no logran recuperarse.
El dato más reciente del INEGI confirma el repunte: el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) aumentó 0.6% mensual y 3.5% anual en agosto, después de crecer 0.8% en julio. Sin embargo, entre enero y agosto acumula un avance de apenas 1.7% anual. La diferencia muestra que el impulso reciente es mayor que el desempeño promedio del año.
Banamex elevó su previsión de crecimiento del PIB de 1.4% a 2% para 2026 y de 1.7% a 1.8% para 2027. La revisión responde al dinamismo de las exportaciones, la recuperación de la inversión pública y las primeras señales de mejoría en la inversión privada. El consumo también se mantiene por encima de los niveles del año pasado, apoyado en el empleo formal y los incrementos salariales, aunque ha perdido fuerza.
BBVA identifica con mayor precisión el principal motor industrial. Su indicador multidimensional de manufactura avanzó 3.3% anual en septiembre, mientras que los datos del INEGI reportaron un crecimiento de 3.2% en agosto. Sobresalen la fabricación de equipo de cómputo y comunicaciones, con un avance anual de 10.9%, y maquinaria y equipo, con 6.6%. La producción automotriz también mejoró: creció 5.4% anual en agosto, frente a 1.1% en julio.
Detrás de este comportamiento están la demanda estadounidense de equipos vinculados con la inteligencia artificial, la posición arancelaria relativamente favorable de México y la recuperación de las exportaciones. A ello se suma la normalización del gasto público, que ha favorecido la construcción de obras de ingeniería civil, y señales de mejoría en la inversión privada, en un entorno de menores tasas reales de interés.
Pero el crecimiento tiene límites claros. En agosto, los servicios avanzaron apenas 0.2% mensual, la minería cayó 1.6% y la construcción no registró crecimiento mensual. Además, persiste la debilidad de manufacturas destinadas al mercado interno y el consumo ha perdido impulso. BBVA advierte que la recuperación industrial tampoco alcanza a todos los subsectores.
Las previsiones también reflejan distintas expectativas: Banamex ya estima un crecimiento de 2% para 2026, mientras la mediana de la encuesta de Citi se ubica en 1.4% y las proyecciones del FMI y del Banco de México, citadas en el análisis, en 1.5%.
La economía sí está acelerando, pero todavía depende en buena medida del impulso externo. Para sostener el avance, México necesita que la recuperación se extienda al consumo, la inversión privada y las actividades que permanecen rezagadas. La revisión del T-MEC, una posible desaceleración de Estados Unidos y la incertidumbre empresarial siguen siendo riesgos.
El crecimiento de 2% sería superior al promedio de 1.9% registrado entre 2000 y 2018. Pero una mejora respecto de ese referente no significa que la economía haya resuelto sus problemas estructurales.
La pregunta ya no es solamente cuánto crece México, sino si podrá convertir el impulso exportador en una recuperación más amplia y duradera.
@JErnestoMadrid
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