Por Jesús Franco. 

Las elecciones del pasado 2 de junio dejaron clara una cosa: en la Alcaldía Cuauhtémoc están cansados de cacicazgos e improvisaciones. Desde 2015, el zacatecano Ricardo Monreal se ha encargado de decidir los destinos del corazón de México. Primero, como Jefe Delegacional (2015 a 2017); luego, impulsando a Néstor Núñez para sucederlo en el cargo y, por último, dejando el camino libre a Sandra Cuevas, el último eslabón del monrealato en la Cuauhtémoc.

En un intento más por recuperar su poder en la emblemática demarcación abanderó a su hijo, Catalina Monreal, como la candidata de Morena a alcaldesa. El resultado no fue el que esperaban y sorpresivamente Alessandra Rojo de la Vega, encabezando a la coalición PRI-PAN-PRD se llevó la elección con una ventaja de poco más del 5%.

Lo que viene es conocido: Catalina Monreal impugnó el resultado y, luego de varios intentos, solo logró que se recontaran 73 casillas lo cual se antoja casi imposible para cambiar el rumbo de una elección.

Versiones afirman que el alcalde interino, Raúl Ortega, está obligando a que comerciantes y vecinos que han recibido apoyos, acudan a “asambleas informativas” en apoyo de Caty Monreal. La primera se llevará a cabo este 24 de julio, curiosamente, en la explanada de la Alcaldía Cuauhtémoc. Un intento más para presionar a las autoridades electorales y lograr un recuento total de los votos.

¿Por qué echar mano de los ciudadanos para ejercer presión sobre las autoridades electorales? Sin duda, y casi agotados todos los recursos jurídicos, buscarán que en las calles empiecen a correr rumores que hubo alguna especie de fraude. Una retórica que muchos conocemos y, de antemano, sabemos cómo resultará.

Lo que viene para Rojo de la Vega será titánico: auditar, como ella lo ha dicho, varias administraciones y encontrar a los responsables, en caso de serlo, del saqueo de las arcas públicas. También, recomponer el rumbo de una Alcaldía que ha sido gobernada de forma improvisada y, en muchos casos, ha optado por no atacar de fondo la inseguridad, falta de agua y reordenamiento del comercio.

Quizá es momento que la familia Monreal se haga a un lado y dé oportunidad a la oposición de proponer, actuar y gobernar. También, escuchar la voz democrática del pueblo y entender que el poder también tiene fecha de caducidad.