• El déficit baja, pero la deuda sigue subiendo. El bajo crecimiento, el costo financiero, el apoyo a Pemex y la rigidez del gasto podrían convertir el ajuste fiscal en una estrategia insuficiente para recuperar margen de maniobra ante el próximo choque económico.
Ernesto Madrid
La advertencia del Fondo Monetario Internacional es más profunda que una simple recomendación para reducir el déficit: México está haciendo un ajuste fiscal, pero a un ritmo que podría no ser suficiente para detener el crecimiento de la deuda pública. El problema no es que la consolidación fiscal haya fracasado; es que, bajo las proyecciones del FMI, todavía no consigue cambiar la trayectoria del endeudamiento.
Las cifras muestran la paradoja. El déficit fiscal bajaría de 5.8% del PIB en 2024 a 4.9% en 2025, 4.2% en 2026 y 3.9% en 2027. Es un ajuste real. El balance primario también mejoraría hasta alcanzar alrededor de 2% del PIB en 2027. Sin embargo, la deuda bruta seguiría aumentando: de 59% del PIB en 2024 a 62.1% en 2026 y 62.9% en 2027, según la metodología del Fondo.
Ahí está el punto central: reducir el déficit no necesariamente significa reducir la deuda. Si el costo de los intereses y el crecimiento económico juegan en contra, un gobierno puede gastar menos de lo que gastaba antes y, aun así, seguir acumulando deuda.
México, enfrenta precisamente esa combinación. El FMI proyecta un crecimiento de apenas 1.5% en 2026 y 1.8% en 2027, mientras el costo financiero ronda 4% del PIB. Con una economía que crece poco, cada punto adicional de deuda pesa más sobre los ingresos futuros. Y cuantos más recursos absorben los intereses, menos espacio queda para infraestructura, salud, educación e inversión productiva.
Hacienda tiene una lectura más favorable. El Paquete Económico 2027 plantea reducir los Requerimientos Financieros del Sector Público a 3.9% del PIB, mientras espera llevar la recaudación tributaria a un máximo histórico de 15.9% del PIB, sin aumentar las tasas generales ni crear nuevos impuestos. El problema es que buena parte de esa meta depende de eficiencia recaudatoria, combate a la evasión y un crecimiento económico que todavía es moderado.
Y aquí aparece uno de los mayores riesgos: si la economía crece menos de lo previsto o la recaudación no alcanza las metas, el ajuste tendrá que salir de algún lado. Y cuando el gasto corriente es rígido, los intereses aumentan y existen compromisos sociales difíciles de reducir, la variable que suele quedar expuesta es la inversión pública de acuerdo con un análisis de Banamex.
Ese sería un mal negocio para las propias finanzas públicas. El FMI señala que la inversión pública cayó 22.7% real en 2025 y, aunque prevé una recuperación, su crecimiento sería mucho más moderado en 2027. Recortar inversión puede mejorar temporalmente el balance, pero también puede reducir el crecimiento potencial y hacer todavía más difícil estabilizar la deuda.
Pemex representa otro punto crítico. El gobierno ha mejorado el perfil financiero de la petrolera, pero todavía existe una conexión importante entre sus finanzas y las del Estado. Para 2027 se contempla una transferencia federal de 81.1 mil millones de pesos, mientras Pemex proyecta un superávit financiero de 95.1 mil millones; sin esa transferencia, el margen se reduciría considerablemente. Es decir, la empresa todavía no está completamente desacoplada de las finanzas públicas.
La propia Secretaría de Hacienda sostiene que la estrategia permitirá mantener una trayectoria sostenible de la deuda y destaca los avances en consolidación fiscal. El FMI, sin embargo, pide un ajuste más ambicioso y plantea algo más estructural: un ancla de deuda de mediano plazo, mecanismos automáticos de corrección y mayor transparencia sobre compromisos fuera del presupuesto.
El riesgo, entonces, no está necesariamente en una crisis inmediata. México conserva fortalezas importantes: un sistema financiero sólido, reservas internacionales elevadas, flexibilidad cambiaria y una deuda mayoritariamente denominada en moneda nacional. El problema es otro: que un déficit cercano a 4% del PIB termine convirtiéndose en la nueva normalidad.
Si eso ocurre, cada nuevo choque —una desaceleración de Estados Unidos, mayores tasas internacionales, una presión comercial o una nueva necesidad de apoyo a Pemex— encontraría a México con menos espacio fiscal para responder.
Por eso la advertencia del FMI debe leerse así: la consolidación fiscal todavía está viva, pero puede desmoronarse si se convierte únicamente en una reducción gradual del déficit sin una estrategia capaz de detener la deuda.
El verdadero desafío no es sólo gastar menos. Es conseguir que México recaude más de manera permanente, reduzca sus pasivos contingentes, proteja la inversión y vuelva a crecer lo suficiente para que la deuda deje de avanzar más rápido que la capacidad de pago del Estado. Además, la trayectoria se reduciría si el margen para enfrentar una posible desaceleración externa, una revisión adversa del T-MEC, mayores costos financieros o nuevas necesidades de apoyo a Pemex no juegan en contra.
Y esa es, probablemente, la parte más incómoda del diagnóstico: el tiempo juega a favor de la deuda si el crecimiento no acompaña al ajuste.
@JErnestoMadrid
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