En su conferencia mañanera del 14 de septiembre, la Presidenta de México, Claudia Sheinbuam, dijo que no sabe si aún puede debatirse en el actual periodo legislativo la regulación de redes sociales y de la Inteligencia Artificial (IA). Sin embargo, lanzó una de sus clásicas diatribas: “Sí es muy relevante y los mecanismos que usa la derecha internacional para modificar la opinión de las personas a través de noticias falsas”.
En ocasiones anteriores ha acusado, sin pruebas más que ciertos tuits que ha presentado en su mañanera, de que existe una estrategia orquestada y pagada para atacar a su gobierno desde el pensamiento de derecha.
Sin embargo, hay una cosa que no puede generalizarse: que solo una fuerza política o ideológica echa mano de bots, campañas pagas y estrategias que cuestan millones de dólares para: a) limpiar su imagen; b) contrarrestar contenido negativo; y c) orquestar campañas de ataque contra adversarios políticos.
Es increíble ver, como ejemplo, cuentas de redes sociodigitales donde funcionarios afines a los gobiernos de la Cuarta Transformación únicamente reciben comentarios positivos. Y cuando reciben negativos, no tardan ni un minuto en ocultarlo o eliminarlo. Otros van más allá y simple y sencillamente limitan la opción de comentarios y no permiten que usuarios interactúen con ellos.
Aún más curioso es ver a exfuncionarios que siguen gozando de ese blindaje. Ya sean de izquierda, derecha o centro. Claro, eso cuesta. Lo preocupante es que el Gobierno Federal no entienda la verdadera magnitud en la regulación de la IA, porque limitarlo únicamente a su injerencia en los procesos electorales hablan de un grave problema de miopía, astigmatismo e hipermetropía. La razón: no entienden ni dimensionan el poder, tanto positivo como negativo, que tiene una herramienta tan poderosa como la IA. ¿Por qué no se habla de su enseñanza y generación de conciencia desde la educación básica? O es que solo preocupa el que haya una generación de contenido o narrativa en contra del gobierno (sea cual sea el color).
No se puede únicamente hablar de IA y comunicación política. El debate, a profundidad, debería tener aristas tan importantes como su uso en aspectos financieros, salud, educación y, claro, el político. Pero no podemos reducir los usos de agentes artificiales en la generación de memes, videos o contenido que “influya al electorado”. Eso debe venir en una etapa de prevención sobre los usos maliciosos asociados a este tipo de inteligencia.
Las cabezas al frente de la tecnología actual, como Elon Musk desde xAI, Dario Amodei al mando de Anthropic y Sam Altman al frente de OpenAI, han coincido en que debe haber un freno al desarrollo de la IA, argumentando que las capacidades de los modelos de IA van tan rápido que pueden terminar en manos de poderes autoritarios. Basta recordar que hace unos meses los modelos de IA de OpenAI se escaparon de un “entorno confinado” y se infiltraron en Hugging Face, un sitio que los desarrolladores utilizan para almacenar y compartir código.
Hace unos días circularon videos donde se ve a un desarrollador ser atacado por un robot que había programado. A muchos nos recordó la famosa Terminator, donde un asesino viaja de 2029 a 1984 para acabar con un joven que en un futuro salvará al mundo de un soldado creado con una Inteligencia Artificial hostil y termina siendo salvado por el exgobernador de California, Arnold Schwarzenegger, en su papel de Cyberdyne Systems T-800 o mejor conocido como Terminator.
Centrar la discusión en contenidos que circulan en redes y se apoyan en la IA es válido, pero es el menor de los problemas que enfrentaremos en México si la legislación es hecha por viejos dinosaurios que hoy sufrieron una metamorfosis…de colores.
Sería invaluable que alguien le acercara a legisladores y los poderosos tomadores de decisiones en temas legislativos, una copia de “Debemos marcar el ritmo de la frontera”, un ensayo de director de la empresa de inteligencia artificial Anthropic, Dario Amodei, en el que hace un pedido muy sencillo: ralentizar el desarrollo de modelos de inteligencia artificial y hacerles una especie de auditoría y seguimiento. Antes que el futuro nos alcance.

