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Facebook: Raúl Alejandro Rodríguez Martínez
*Las opiniones que se expresan en esta publicación son a título personal
No ha transcurrido ni la primera mitad de enero y la economía global está dando mucho de qué hablar. Existe cierto consenso a nivel mundial de que 2025 será un año caracterizado por una inflación que continuará descendiendo en las principales economías del mundo, crecimiento económico mundial en franca desaceleración, la consolidación de un mundo multipolar y sesgos hacia la fragmentación del comercio internacional. Bajo este contexto, se prevé que los principales bancos centrales del mundo continúen disminuyendo sus tasas de interés objetivo ante la confianza de que se alcanzarían sus objetivos de inflación en al menos los siguientes dos años.
Sin embargo, dentro de ésta perspectiva global relativamente consensuada, se han reconocido diversos riesgos que, de materializarse, podrían regresar al mundo a mayores presiones en los precios, un mayor debilitamiento de la actividad productiva y tensiones geopolíticas y comerciales que exacerben la fragmentación y la multipolarización del mundo. Bajo dichos elementos, los bancos centrales se enfrentarán durante todo el año ante una pregunta crucial: ¿seguimos recortando las tasas como lo teníamos pensado o nos veremos en la necesidad de llevar nuestros planes de vuelo con más calma? Inclusive, no se puede descartar el remoto escenario en el que algunos de ellos tuvieran que verse obligados a volver a subir tasas.
Lo que sucedió ésta semana con la Reserva Federal de Estados Unidos es un buen ejemplo de lo anterior. Los mercados incorporaban la expectativa de 2 a 3 recortes de 25 puntos base al rango objetivo del a tasa de fondos federales durante 2025. Posteriormente, los mercados corrigieron a 2 probables recortes cuando la Fed recortó la tasa de referencia en diciembre, presentó proyecciones de mayor inflación y mayor cautela en el ritmo de recortes en 2025 y todo esto reforzado con una minutas que hicieron explícito el sentir de las autoridades monetarias de “estar próximas a una fase de recortes más pausada” – además de reconocer riesgos inflacionarios al alza por la posible política arancelaria agresiva de la nueva administración de Trump. Finalmente, ésta semana cerró con datos de empleo en Estados Unidos más optimistas que lo previsto y resucitaron el sentimiento de una economía estadounidense más dinámica que pudiese brindar más presiones a la inflación. Como consecuencia, los mercados se han ajustado a 2 o solo 1 recorte en el año y prácticamente han descartado que existan recortes durante el primer semestre de 2025 por parte de la Fed y ya algunos analistas están evaluando escenarios donde inclusive la Fed pause sus recortes en todo el año.
Otro ejemplo lo tenemos en nuestro propio banco central. En esta misma semana, se conocieron los datos de empleo formal en México correspondientes a diciembre que sorprendieron significativamente a la baja y la inflación al cierre de 2024 con un balance positivo. Ambos indicadores darían soporte a que Banco de México pudiera no sólo seguir recortando la tasa objetivo, sino también incrementar la magnitud de los recortes. Inclusive, el jueves publicaron la minuta de la reunión de diciembre donde queda muy claro que la Junta de Gobierno parece transitar hacia recortes más pronunciados en algunas reuniones del 2025. Sin embargo, parece estar claro que las autoridades monetarias locales no podrían (ni deberían) ignorar los riesgos inflacionarios al alza que desencadenará el complejo desarrollo de la relación bilateral entre México y Estados Unidos y la cada vez más posible fase de pausa de la Fed, de manera que el banco central mexicano estará en la encrucijada sobre cuándo pudieran recortar en más de 25 puntos base la tasa objetivo, sin poder descartar tampoco la probabilidad de que inclusive tuvieran que pausar inclusive un recorte de 25 puntos.
De igual manera, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra estarán enfrentando retos asociados con la rigidez de precios de servicios en sus respectivas economías para continuar recortando tasas de interés, mientras que el banco central turco ya por fin dio inico a su ciclo de recortes. Y por último y no menos importante, otros bancos centrales que están en sentido contrario, como el de Brasil que está luchando contra el desanclaje de las expectativas de inflación y el de Japón al que le urge incrementar pronto su tasa de referencia, ponen de manifiesto que la divergencia en las políticas monetarias alrededor del mundo habrán de continuar.

