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Facebook: Raúl Alejandro Rodríguez Martínez
*Las opiniones que se expresan en esta publicación son a título personal
La economía mexicana comenzó a dar señales de una desaceleración económica durante el año pasado, la cual fue más evidente en las cifras del último trimestre, al retroceder 0.6% frente al trimestre anterior y apuntando a un crecimiento de 1.3% durante todo el año. En particular, han sido las actividades del sector secundario las que han explicado en gran medida la desaceleración del PIB de México, junto con la formación bruta de capital físico (o inversión física), sobre todo en el sector de la construcción. Por el contrario, el sector servicios contribuyó a mitigar parcialmente este proceso de desaceleración y el consumo privado se mantuvo resiliente, soportado por un mercado laboral que no dejó de crecer, junto con salarios reales, crédito al consumo e ingresos por remesas con un buen dinamismo. De igual manera, un crecimiento significativo del gasto público en programas sociales contribuyó al dinamismo resiliente de la demanda agregada. Sin embargo, hacia la segunda mitad de 2024, algunos de estos determinantes del consumo también comenzaron a perder dinamismo.
Por ejemplo, el mercado laboral sorprendió al cierre de 2024 y tan sólo logró crecer 1.0% anual en diciembre. Desafortunadamente, el dato de enero tampoco fue alentador y la creación de plazas se desaceleró a 0.8% anual en enero, reforzando una preocupante tendencia a la baja en su capacidad de generación de empleos nuevos. Cifras relacionadas con la demanda agregada como las ventas al menudeo continuaron una tendencia de debilitamiento y la actividad industrial y manufacturera inició el año con una caída anual de 2.4%. En este sentido, ha subido de manera importante la probabilidad de que el PIB se anote una segunda caída en el primer trimestre de 2025, lo que nos pondría en la definición de “recesión técnica” (dos trimestres consecutivos negativos).
Lo anterior ya ha sido incorporado recientemente por Banco de México, que en su informe trimestral actualizó a la baja su pronóstico de crecimiento del PIB para 2025, de 1.2% a 0.6% y también presentó una proyección de su brecha del producto más negativa, lo que significa la economía mexicana estará produciendo por debajo de sus capacidades potenciales. Este pronóstico se aleja todavía más del que la Secretaría de Hacienda proyectó para su Paquete Económico, de 2.5%. Y por otro lado, se anticipó al consenso de analistas que, antes del ajuste de Banxico, preveían un crecimiento de 1.0% (ahora también ajustado a 0.9%).
Y la perspectiva hacia adelante luce compleja. Por ahora, México está sorteando las amenazas constantes en relación con la implementación de aranceles a las importaciones de Estados Unidos. Pero lo preocupante es que en las cifras que iremos conociendo y que sean más recientes ya habrá una mayor influencia de ese factor de riesgo, pues no se puede descartar que al menos uno de de todos los paquetes de aranceles que ha venido declarando Trump se lleguen a implementar: (1) aranceles de 25% a todas las importaciones, (2) aranceles de 25% a las importaciones de acero y aluminio, (3) aranceles de 25% a las importaciones de automóviles y autopartes; (3) aranceles recíprocos, (4) aranceles de 25% a semiconductores y otros equipos de tecnología; y (5) aranceles a las importaciones de madera.
El sector externo ha sido una palanca fundamental del crecimiento económico y nuestra exposición es relevante: el 80% de lo que exportamos es a Estados Unidos y representa el 25% del PIB mexicano. De momento, suponer que entren en vigor todos los aranceles dificultan la capacidad productiva de cerca de un 8% de la economía mexicana y que pueden llegar a implicar un crecimiento negativo de 1 hasta 3 puntos porcentuales del PIB.
Es por eso que la expectativa de una recesión ha venido ganando terreno. O dicho de otra manera, no sorprendería que el pronóstico de 0.6% de Banxico o de 0.9% del consenso de analistas sufra revisiones a la baja adicionales en la medida en que: (1) se vaya teniendo más claridad del alcance de los aranceles que pudiera llegar a imponer Trump, (2) se pueda observar la intensidad en la desaceleración del consumo y el mercado laboral; (3) que la actividad industrial y manufacturera no logre reactivarse luego de una desaceleración ininterrumpida, y (4) que la inversión física siga rezagada.
La economía mexicana podría defenderse con: (1) el ciclo de recortes de la tasa de interés objetivo de Banco de México (cuya narrativa apunta a que lo seguirán haciendo por el resto del año, en la medida en la que la inflación se los permita), (2) la continuidad de los programas sociales, (3) que otros rubros del gasto público sean manejados con disciplina para no derteriorar más el déficit fiscal, (4) los alcances de los grupos de trabajo de México con Estados Unidos en materia de comercio, seguridad y migración con el objetivo de seguir postergando la amenaza de los aranceles; y (5) que el Plan México si dé señales de eficacia a través de los estímulos fiscales anunciados a nuevas inversiones en activo fijo, incremento del contenido nacional para hacer más competitivo al bloque comercial, denote una dirección hacia la cooperación con Estados Unidos para competirle a China.
Finalmente, el hecho de que los fundamentales macroeconómicos todavía estén sólidos, las reservas internacionales, la línea de crédito flexible del Fondo Monetario Internacional con la que cuenta el gobierno de México, el potencial excedente del ejercicio de 2024 de Banco de México que pueda destinarse a saldar parte del déficit fiscal, los instrumentos de la Comisión de Cambios para intervenir en caso de que se desordene el funcionamiento de los mercados financieros y la libre flotación del peso mexicano como variable que pueda amortiguar choques externos, son otras herramientas que pueden ayudarle a la economía mexicana a navegar bajo un entorno ya muy complejo, en caso de que se descontrole todavía más.

