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Facebook: Raúl Alejandro Rodríguez Martínez

*Las opiniones que se expresan en esta publicación son a título personal

Como cada año, el Fondo Monetario Internacional lleva a cabo sus reuniones de primavera en las que las principales autoridades en materia económica, fiscal, monetaria, financiera y líderes empresariales a nivel global se reúnen para discutir la perspectiva del mundo, la situación actual y futura; así como también los grandes retos por delante que deben de seguir. En dichas sesiones, el Fondo Monetario Internacional (FMI) publica la actualización de sus publicaciones clave: Perspectiva Económica Mundial (WEO, por sus siglas en inglés), Reporte de Estabilidad Financiera Global, Monitor Fiscal, Reporte del Sector Externo y los Reportes Económicos Regionales.

A diferencia de otros años, el mundo está atravesando una etapa de incertidumbre nunca antes vista (incluso peor que la de la pandemia) por los amagues e implementación de la agenda del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que no dejan de apuntar hacia una reconfiguración del orden mundial, de la que aún no se tiene claridad de los impactos a largo plazo. Derivado de lo anterior, el globalismo, los flujos comerciales y financieros; la estructura actual de las cadenas de suministro globales y el marco jurídico y económico institucional internacional – bajo un contexto de progreso tecnológico y de la revolución digital y de la información extraordinarios – se están viendo sacudidos de manera estrepitosa, dirigiendo al mundo hacia un territorio desconocido.

Bajo ese contexto, en su discurso introductorio para presentar el WEO, el FMI subrayó que recién habían tenido que modificar sus proyecciones económicas las cuales estaban listas momentos antes de que el presidente Trump diera a conocer la implementación de los aranceles recíprocos a las importaciones de Estados Unidos, el 2 de abril. Y ya en el documento, dicho instituto resaltó que los riesgos de ajustes persisten y con un sesgo a la baja, dado que aún no se ve una solución clara ante la oleada de aranceles que ya están impactando al comercio internacional, junto con la escalada de la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

El documento anticipa una fuerte desaceleración de la economía global en 2025, con los mayores ajustes a la baja en Estados Unidos (de 2.8% en 2024 a 1.5% en 2025), China (de 5.0% en 2024 a 4.0% en 2025) y México (de 1.5% en 2024 a -0.3% en 2025). El fuerte ajuste a la baja se explica, principalmente, por la implementación de los aranceles como un choque a la demanda agregada global, siendo los países con una relación comercial más estrecha con Estados Unidos pero que también dependen en mayor magnitud de dicha dependencia (como el caso de México, que ya está prácticamente en un ciclo económico de recesión) para los que el panorama económico luce más desalentador.

Pero además del debilitamiento de la actividad productiva global, el FMI también destaca los riesgos de presiones inflacionarias al alza, auspiciados por los mismos aranceles y las subsecuentes represalias de otras economías para hacerle frente a las mencionadas tarifas. Que la economía global reciba un choque con esas características, corre el riesgo – aun más nocivo – de caer en la estanflación: estancamiento o contracción del Producto Interno Bruto, acompañado de alzas sostenidas de precios en bienes y servicios.

Y por si fuera poco, el Fondo Monetario reconoció que este choque agarra a la economía mundial mal parada. A cinco años de la pandemia de Covid, la realidad es que las economías no han terminado por recuperarse del todo y han seguido combatiendo las elevadas inflaciones que provocó dicho fenómeno, así como buscando reducir los niveles históricos de endeudamiento en los que varias economías tuvieron que incurrir para estimular a las economías que se vieron severamente golpeadas por la pandemia. En ese sentido, las autoridades fiscales y monetarias cuentan con un espacio muy acotado para maniobrar las turbulencias arancelarias y geopolíticas de Estados Unidos.

Esto último se vinculó con la presentación posterior del Reporte de Estabilidad Financiera Global y el Monitor Fiscal, en el que se profundizó en mayor medida en temas de polítia fiscal y en los que se destacaron los riesgos de que el debilitamiento económico se acompañe por una crisis financiera global, como resultado de la insostenibilidad de los déficit fiscales y de cuenta corriente a nivel mundial. Por lo anterior, el proceso de recuperación post-pandemia ha sido lento, ya que los esfuerzos están focalizados en el fortalecimiento fiscal, en detrimento de la inversión física que le pudiera brindar un soporte más orgánico al crecimiento económico, sobre todo a mediano y largo plazo.

Otros temas, no menos importantes, en los que se han enfocado las reuniones, son los de geopolítica y tensiones trasatlánticas. Al respecto, las reuniones continuaron reflejando las tensiones entre Estados Unidos y Europa desde que Trump comenzó con su administración y que aparentemente ponen a la relación bilateral en su peor momento desde la posguerra y bajo un contexto en el que el mundo multipolar se ha vuelto más robusto con el fortalecimiento de la cooperación entre China, Rusia, India y otros de sus socios políticos y comerciales.

De igual manera, destacó de las reuniones el debate en torno a las implicaciones de la Inteligencia Artificial (IA) y la necesidad de fortalecer un marco regulatorio, de monitoreo y de seguimiento robusto de los desarrollos de esa tecnología para gestionar su cada vez mayor participación en actividades políticas, económicas, sociales, productivas y tecnológicas. Por ejemplo, su creciento rol en la industria financiera a nivel global.

Las reuniones de primavera de 2025 del Fondo Monetario Internacional (FMI) se centraron en los desafíos de la guerra comercial, el impacto de la IA, la sosteniblidad financiera y la deuda, en un contexto de debilitamiento del crecimiento global – con riesgos a la baja. La incertidumbre por los aranceles de Estados Unidos y las tensiones geopolíticas, especialmente con Europa, dominaron las discusiones, con un llamado a la cooperación internacional para mitigar riesgos. Los informes insignia del FMI plasmaron dichos riesgos, con una desaceleración en el crecimiento económico, riesgos inflacionarios al alza y el reconocimiento de un margen de maniobra muy acotado de las autoridades fiscales y monetarias dados los niveles de apretamiento de las finanzas públicas a nivel global y de las presiones inflacionarias restringiendo la capacidad de los bancos centrales de recortar significativamente sus objetivos de tasa de interés.