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Facebook: Raúl Alejandro Rodríguez Martínez
*Las opiniones que se expresan en esta publicación son a título personal
Están por cumplirse 55 días del segundo mandato de Donald Trump como presidente de Estados Unidos y el mundo se ha enfrentado, de manera ininterrumpida, a una fase de elevada volatilidad e incertidumbre. El comportamiento de los mercados financieros ha reflejado la incertidumbre asociada con la conducción de la presidencia de Donald. En los mercados de renta variable, hemos transitado de máximos históricos en la bolsa estadounidense a una pérdida significativa de las ganancias que iban acumuladas en el año.
Las tasas de interés, bajo un contexto de recortes a los objetivos de parte de los principales bancos centrales del mundo, también han transitado de inicar el año con incrementos ante elementos de aversión al riesgo, presiones inflacionarias y la perspectiva de una economía sólida; a descensos en las tasas de interés por temores a una posible recesión económica en dicho país. También hemos observado a las principales monedas del mundo (el peso mexicano entre ellas) con mucha volatilidad. En la medida en la que Trump ha venido amenazando con imponer aranceles a las importaciones de sus principales socios comerciales o de insumos de relevancia para su sector manufacturero, las divisas en cuestión se han depreciado significativamente. Acto seguido, han revertido la tendencia o inclusive han ganado terreno frente al dólar cuando Trump o algún miembro de su gabinete declaran el postergamiento, suavización o pausa temporal de dichos aranceles.
Estos movimientos tan abruptos y contradictorios han propiciado un entorno de alta tensión en los mercados financieros internacionales y que, aparentemente, ya comienzan a permear en las expectativas y en el sentimiento de inversionistas, productores, consumidores y políticos. En un principio, luego de que el PIB de Estados Unidos creciera 2.8% el año pasado, se anticipaba que la economía estadounidense mantuviera su fortaleza ante la des-regulación, los recortes a los impuestos, la inercia de un consumo sólido y la expectativa de que las amenazas de aranceles servirían únicamente como una herramienta de negociación.
Sin embargo, el mundo se ha visto sorprendido con la imposición de los aranceles y ha comenzado a incorporar en sus estimados sus impactos potenciales. Al momento, Estados Unidos ya está operando con aranceles de 20% a las importaciones de China, aranceles de 25% a las importaciones de acero y aluminio; y aranceles de 25% a las importaciones de México y de Canadá que no cumplen con los estatutos del T-MEC. Como consecuencia de lo anterior, los importadores estadounidenses se anticiparon y en enero incrementaron de manera significativa el volumen de importaciones para mitigar el impacto de los aranceles. Esto trajo por consecuencia las primeras revisiones a la baja en los estimados de crecimietno económico del primer trimestre de 2025 y de todo el año. Pero ¿realmente podría caer en recesión Estados Unidos este año?
Actualmente, existe un debate con visiones que se contraponen entre algunas de las voces más influyentes de dicho país. Mientras que algunos argumentan que no se espera una recesión y que, en todo caso, se observaría una desaceleración importante, otros ya están vaticinando la primera mitad del año con cifras de crecimiento económico negativo en Estados Unidos. Y en la medida en la que se está desencadenando ese debate, junto con las acciones y comentarios de la administración de Trump, se profundiza la volatilidad en los mercados.
Y un problema adicional radica en que aún existe poca información “dura” disponible, mientras que ya se dispone de un sinnúmero de indicadores de confianza, perspectiva y sentimiento – los cuales están apuntando hacia un debilitamiento de la economía. Los indicadores de confianza del consumidor han disminuido en enero y febrero; las expectativas de inflación de corto plazo han aumentado, las de mediano y largo plazo se han mantenido estables; índices de perspectiva del sector servicios han retrocedido marginalmente, mientras que las del sector manufacturero han repuntado.
En lo que se refiere a datos duros de la economía, las cifras de mercado laboral de enero y febrero siguen apuntando a un mercado laboral sólido. Sin embargo, el agobio de los mercados ha llevado a buscar si en algunos sucomponentes hay señales de debilitamiento y ha llamado la atención observar una ligera disminución en la participación laboral y en las horas trabajadas. Sin embargo, al observar en un horizonte de tiempo más amplio, tampoco sugieren que Estados Unidos ya esté entrando en una fase recesiva.
Por otro lado, indicadores de consumo de enero relacionados con ventas al menudeo, sector inmobiliario, crédito al consumo, gasto en consumo personal, han observado una ligera desaceleración. No obstante, con sólo una observación de 2025 y que corresponde a un mes que suele tener efectos negativos estacionales como las condiciones climáticas, es difícil determinar si estén apuntando hacia una crisis económica.
Por si fuera poco, determinar el impacto neto de los aranceles en una economía grande, muy abierta y muy diversificada; con canales de transmisión financieros y no financieros muy sensibles – y además con la incertidumbre de cualquier cambio inmediato que Trump haga en relación con la magnitud del arancel, el conjunto de productos impactados y la duración de los mismos – se ha vuelto muy retador.
Si bien los mercados financieros no son la economía (son una porción de ella), también hay que tomar en cuenta que un sentimiento prolongado de pesimismo e incertidumbre puede, eventualmente, impactar en la economía real a través de un deterioro en la confianza que resulte en interrumpir o reducir la inversión que requiere toda economía para seguir generando valor. En ese sentido, serán muy importantes los siguientes elementos a seguir: (1) las proyecciones económicas de la Fed que se darán a conocer la próxima semana; (2) la cifra de empleo de marzo, (3) cifras de gasto en consumo personal y ventas al menudeo de febrero; (3) la producción industrial y manufacturera de febrero; (4) la balanza comercial de febrero; (5) la cifra preliminar del PIB de Estados Unidos del primer trimestre – sobre todo cifras de consumo e inversión. En definitiva, en lo que resta de marzo y abril se podrá disponer de cifras económicas más claras para determinar el devenir de la economía estadounidense y, por consecuencia, del mundo en 2025.

