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Facebook: Raúl Alejandro Rodríguez Martínez
Nos encontramos iniciando la segunda mitad de 2022, un año que sin duda ha sido de los más complicados en la historia moderna de Méxio y del mundo. Como hemos platicado en publicaciones anteriores, el mundo atraviesa un periodo de máximos históricos de inflación en las economías tanto desarrolladas como emergentes. Como resultado, la gran mayoría de los bancos centrales de dichos países se han visto en la necesidad de incrementar fuertemente sus niveles objetivo de tasas de interés, así como tratar de interrumpir lo más rápido posible los estímulos monetarios que hace dos años fueron implementados para contrarrestar los efetos recesivos de la pandemia. Al mismo tiempo, la inercia que la economía global acarreaba de dicho choque desde 2020, aunado a los efectos políticos, económicos y sociales que está provocando la invasión de Rusia a Ucrania en todo el mundo, han obscurecido la perspectiva de crecimiento económico global.
En este sentido, el escenario no puede ser más complejo: entorno inflacionario con persistentes riesgos al alza sobre los precios, desaceleración económica con riesgos de una nueva recesión, particularmente en los Estados Unidos, en toda Europa y una fuerte desaceleración de la economía de China por rebrotes de Covid-19 y mucha volatilidad en los mercados financieros internacionales.
Por lo anterior, la economía mexicana está sujeta a los mismos riesgos citados anteriormente. Por el lado del crecimiento económico, se ha visto un avance de gradual a moderado en el Producto Interno Bruto, en el cual el principal motor de la economía ha sido el sector externo (avance en las exportaciones y en el turismo). Sin embargo, el riesgo de una recesión en Estados Unidos continúa merodeando en nuestra economía, con riesgos de que disminuya la intensidad de dicho motor. Por otro lado, México está alcanzando niveles inflacionarios de alrededor del 8% anual, cifra que no se veía en la economía desde hace 20 años.
Si bien nuestro banco central ha incrementado de manera oportuna el nivel objetivo de la tasa de interés, actualmente en 7.75% y las autoridades hacendarias han buscado mitigar el incremento de las referencias internacionales de los precios de los energéticos en nuestro país al subsidiar, por ejemplo, el precio de las gasolinas (con riesgo sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas), así como también haber implementado un programa que frene el incremento de los precios (con una eficacia bastante pobre de ésta última, desafortunadamente), ha sido bastante complicado “domar la curva” de la inflación en México.
El empeoramiento de la perspectiva macroeconómica del país se puede observar al hacer un recuento de cómo se han venido comportando las expectativas de los analistas en este primer semestre del año.
De acuerdo con la Encuesta Citibanamex de Expectativas, a finales del año pasado se anticipaba una inflación general anual al cierre de 2022 de 4.2%. Al arranque de la segunda mitad del año, los analistas prevén que la inflación cierre en 7.6%, +340 puntos base más de lo que anteriormente estimaban, aunque 40 puntos base menos de donde nos encontramos actualmente. Es decir, pareciera que estamos cerca de alcanzar el “pico” de la inflación este año y que lo que siga sea un proceso gradual de disminución de la misma.

Definitivamente era imposible prever a finales de 2021 que se desencadenara un conflicto militar frente a dos potencias alimentarias y una de ellas energética (Rusia) que distorsionara severamente los precios de materias primas, así como una respuesta de Occidente mediante paquetes de sanciones que culminarían por acentuar dichas distorsiones en los mercados.
Adicionalmente, los analistas estimaban que la tasa de interés objetivo de Banco de México siguiera incrementándose para cerrar en 6.63% (mediana del conjunto de estimados de analistas encuestados) en 2022. Para julio de 2022, la previsión de la tasa de política monetaria al cierre de 2022 es de 9.50%. Si actualmente se ubica en 7.75%, están pronosticando que Banco de México ejecute 175 puntos base más de incrementos en el segundo semestre de este año.

Esto implica que el banco central continuará haciendo frente a dos temas fundamentales: (1) mitigar las presiones inflacionarias al alza que provienen del exterior sobre la economía mexicana, y (2) mantener un diferencial con la tasa de interés objetivo de los Estados Unidos (que se busca siga aumentando para frenar máximos de 40 años de inflación en nuestro vecino del norte) para evitar salidas de capitales en la economía mexicana.
Debido a las acciones del banco central estadounidense, así como también de la incertidumbre global por la guerra de Rusia y Ucrania, el dólar se ha fortalecido consistentemente frente al resto de las monedas. Esto ha derivado en una apreciación del peso mexicano que también ha sorprendido a los analistas. De anticipar en diciembre de 2021 que el tipo de cambio rondara los 21.53 al cierre de 2022, nos encontramos ante una perspectiva cambiaria de 20.82.

Finalmente, en términos de crecimiento económico, en diciembre de 2021 se vislumbraba un crecimiento económico moderado (ante los problemas económicos que ya enfrentaba la economía mexicana internamente por la incertidumbre asociada con la administración actual), que apuntaba a un crecimiento del PIB de 2.8% para todo 2022. Sin embargo, ante los factores mencionados anteriormente y que provienen principalmente del exterior, los analistas pronostican un crecimiento del PIB de 1.8%.

Los pronósticos siguen apuntando hacia un escenario muy retador para la segunda parte de 2022. El reto se ha incrementado y habrá que estar atentos a las cifras de inflación de la primera quincena de julio y al de las ventas al menudeo al mes de mayo para identificar si los riesgos al alza en inflación y a la baja en crecimiento económico continúan. Desafortunadamente, los factores que están contribuyendo al empeoramiento de la perspectiva económica del país están lejos de finalizar. La guerra entre Rusia y Ucrania aun no da señales de que finalice, con riesgos a que continúe escalando o a que afecte a otras regiones (China-Taiwán) o desencadene otras problemáticas de carácter económico y social (crisis energética y económica en Europa).

