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Facebook: Raúl Alejandro Rodríguez Martínez

*Las opiniones que se expresan en esta publicación son a título personal

Uno de los temas más relevantes de este año en materia macroeconómica fue el comienzo del ciclo de recortes a las tasas de interés objetivo de una gran mayoría de bancos centrales en el mundo. Luego de que durante 2021 y 2022 la economía global observó un incremento significativo y sostenido en los precios, las autoridades monetarias se vieron en la necesidad de incrementar sus respectivas tasas de interés objetivo con el objetivo de combatir el avance de la inflación. Si bien la inflación comenzó a descender desde 2023, venía de niveles muy altos y se corríael riesgo de bajar tasas antes de tiempo y ubicar a la economía en un escenario de bajo crecimiento e inflación. En ese sentido, los bancos centrales fueron muy cautelosos durante ese año y aguardaron a identificar mayor evidencia del retroceso de los precios.

La desinflación ocurrió a distintas velocidades en sus componentes. Primero se observó un descenso en los precios de alimentos y energéticos. Posteriormente, disminuyeron los precios de las mercancías, de manera gradual en 2023 y con mayor convicción en 2024. En contraste, se observó durante todo ese periodo que los precios de los servicios se han resistido y su ritmo de descenso ha sido marginal y más tardío. En particular, este rubro contiene precios de transporte, servicios del hogar, de salud, financieros, de esparcimiento (lo que incluye actividades como ir a comer a restaurantes u otros servicios alimenticios; hospedarse en hoteles, asistir a eventos de entretenimiento, entre muchos otros).

Hacia la segunda mitad de 2024, la Reserva Federal y otros bancos centrales de países desarrollados iniciaron con los recortes a sus tasas de interés objetivo y, si bien ya han disminuido sus tasas por segunda o tercera ocasión consecutiva, han señalado su preocupación por la rigidez que están observando los precios de los servicios ante la política monetaria y que el progreso en la inflación ha obedecido en gran medida a la disminución de los precios de las mercancías. Inclusive, diversas autoridades monetarias alrededor del mundo han señalado que la continuidad en el descenso de la inflación dependerás ahora más de los precios de los servicios.

En este sentido, se ha venido acrecentando la discusión de los factores que están detrás de su resistencia a la política monetaria. En general, identifican que tras la pandemia ha habido un cambio importante en los patrones de consumo a nivel mundial. Luego de que se levantara el confinamiento a mediados de 2022, la población mundial incrementó de manera muy importante la demanda de servicios, lo que presionó al alza sus precios. El mundo buscó salir más seguido a comer a restaurantes, asistir a diversos eventos de entretenimiento y esparcimiento; y al mismo tiempo la reactivación económica también demandó más servicios de salud, financieros, viajes, etcétera.  Dos años y medio después, no hay evidencia de que haya sido pasajera esa tendencia y se sigue observando un volumen importante de demanda por los servicios.

Por otro lado, la economía mundial se reactivó, el mercado laboral se volvió a expandir y de igual manera un mayor demanda laboral presionó al alza los salarios. Dado que los servicios son más intensivos en trabajo como insumo para ser ofrecido, los salarios al alza también han implicado un incremento en los precios de los servicios.

Finalmente, otra problemática que heredamos de la pandemia fue la disrupción en las cadenas de suministro, lo que también implicó cierta persistencia en la estructura de costos asociada con el suministro de servicios.

De momento, se cree que una potencial desaceleración de la demanda agregada en 2025 podría contribuir a que los precios sigan disminuyendo. En contraste, si se concreta una guerra comercial entre Estados Unidos, China, Canadá y México, podrían existir elementos que reduzcan el ritmo de disminución en la inflación. Por lo tanto, los banqueros centrales no han cantado victoria y en general han ido migrando en las últimas semanas hacia una retórica de mayor prudencia de cara a los posibles recortes de tasa de interés el próximo año.